El “ADN de la riqueza”: ¿los genes intervienen en la economía de cada individuo?

Las noticias de alta extrañeza se han convertido en algo cotidiano, alcanzando cotas cada vez más altas. Los “estudios pioneros” sobre asuntos controvertidos son moneda común, y hoy toca presentar uno que desde luego hace un flaco favor a todos los que luchan con eso que históricamente se ha denominado como “lucha de clases”. Porque, si hay algo de verdad en lo que este grupo de la Universidad de Edimburgo ha indagado, puede que esa diferencia sea propia del género humano, al menos en la predisposición económica.

El experto en estadística David Hill, junto al citado equipo, acudió a la base de datos Uk Biobank, que cuenta con más de 500.000 perfiles genéticos de individuos británicos, para tratar de desentrañar en el ADN alguna razón biológica que lleve al dinero. Por inusual que suene, Hill ha hallado ciertos indicios favorables a su tesis, o eso asegura.

«El vínculo entre los individuos más adinerados y la buena salud a menudo se establece valorando factores ambientales, como el acceso a información de calidad, la exposición a un ambiente estresante o dañino, comportamientos poco saludables como fumar, tener una dieta poco sana y un consumo excesivo de alcohol, así como la falta de actividad física».

En su trabajo, Hill entrevistó a 286.000 miembros del banco británico UK Biobank y los dividió en cinco grupos según su nivel de ingresos. En las personas con menor salario encontró algunas variantes genéticas “menos ventajosas” (en cuanto a inteligencia o habilidades cognitivas), mientras que en las más adineradas identificó hasta 30 posiciones o loci con un papel interesante en el nivel de inteligencia. De esa treintena, dieciocho tendrían asimismo un vínculo directo con habilidades cognitivas. Así que Hill ha atado cabos: las personas con estas predisposiciones favorables tienen mayor facilidad para obtener dinero y poder, por lo que el ADN actúa haciendo una suerte de cribado genético entre potenciales ricos y el resto de personas. ¿Tiene razón al hacer tal aseveración?

Desde luego, no han tardado en aparecer voces contrarias al postulado, o al menos que lo matizan en los razonamientos más polémicos. La web de la revista Quo ya se ha hecho eco de algunas de esas opiniones. El genetista Julien Larregue opina que el estudio simplemente establece una relación del genoma con las capacidades cognitivas y le parece inadecuado desvincular el entorno con la estructura del cerebro. También habría que definir exactamente el concepto de inteligencia al que se refiere Hill y qué otras circunstancias, económicas, sociales o individuales, podrían estar relacionadas con el nivel de renta de un individuo.

Por otra parte, es necesario aclarar que Hill y su equipo no son los primeros (ni serán los últimos) que pretenden establecer tales vínculos entre dinero y genes. Otro equipo, dirigido por Philipp Koellinger, economista de la Vrije Universität en Amsterdam, inició un proyecto sobre el mismo tema pero se realizó de manera diferente. Con más de 800.000 individuos, su equipo ha desarrollado un algoritmo que calcula los ingresos de una persona utilizando varios parámetros, como el tipo de trabajo, edad y sexo. Koellinger tiene también previsto incluir ciertos rasgos genéticos.

Así que la controversia está servida. Tras las luchas de clases, las revoluciones, las ideologías, los argumentos políticos y los postulados económicos, ahora algunos parecen advertir la presencia de otro caballo de batalla en esta histórica cuestión, con todas las derivaciones morales y éticas que ello conlleva (por no hablar de los peligros). ¿De verdad los genes pueden determinar la riqueza de alguien?

https://www.biorxiv.org/content/10.1101/573691v1.full

https://www.bdi.ox.ac.uk/research/uk-biobank

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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