Waco: la versión oficial y la apócrifa

La historia de los davidianos sigue estando presente en la opinión pública estadounidense, a pesar de haber transcurrido casi 26 años desde que tanto el FBI como la ATF asaltaran el rancho donde se escondían los seguidores de David Koresh. La reciente miniserie sobre los eventos y las polémicas suscitadas sobre la actuación de las autoridades solo han puesto de manifiesto que la verdad no se ajusta a lo que se dijo en su momento desde fuentes oficiales.

La miniserie Waco llegó a España en diciembre de 2018, habiéndose cumplido ya un cuarto de siglo desde aquel desenlace tan espectacular del atrincheramiento. Aun así, aun son muchos los que no han tenido la oportunidad de ver los seis episodios, algo que se recomienda encarecidamente para comprender el alcance real de los acontecimientos que se sucedieron y que finalizaron con la muerte de ochenta y siete personas.

La historia narrada tiene como fuentes principales dos libros que abordan la historia desde dos puntos de vista totalmente opuestos. Uno de ellos es Stalling for time, escrito por el negociador jefe del FBI que estuvo al pie del cañón durante aquellos largos cincuenta y un días, Gary Noesner, interpretado magistralmente en la ficción televisiva por Michael Shannon. El otro es A place called Waco, escrito por uno de los supervivientes entre las filas davidianas, David Thibodeau. Ambos trabajos se hacen uno para mostrar gran parte de la polémica que se desató a raíz de la intervención en el refugio del grupo. ¿Pero hasta qué punto se atreven sus responsables a levantar el velo?

Monte Carmelo – nombre del rancho en cuestión – fue el último refugio de esa escisión de los Adventistas del Séptimo Día. El grupo se estableció en Waco a mediados de los años treinta del pasado siglo. Ya en los sesenta, el grupo compró el rancho y lo convirtió en su residencia principal. Practicaban un “cristianismo” muy particular, con ritos y reglas matrimoniales y un sistema de propiedad tutelados casi completamente por su líder, David Koresh, interpretado en la ficción de Paramount Network por Taylor Kitsch. Su diferencia fue mal entendida como peligrosidad, algo que a la postre acabó por despertar hostilidades. Era una secta religiosa con tradición, y no de corte destructivo, aunque bien es cierto que su líder no era ningún cordero inocente, sino alguien con un gran afán de atención y necesidad de dominación. Aunque este punto en concreto sigue siendo particularmente debatido, hay voces que intentaron aclarar algunos puntos al respecto. Por ejemplo, el sheriff del condado de McLennan, Jack Harwell:

«Lo que allí había era un puñado de mujeres, niños y personas mayores, todos ellos buenos, buena gente. Tenían creencias diferentes de los de otros, creencias diferentes de las mías, quizá. Creencias diferentes a las que rigen nuestro estilo de vida, sobre todo en las religiosas pero básicamente eran buena gente. Los visitaba frecuentemente y no daban ningún problema, eran gente casada que siempre andaba ocupaba en sus propios asuntos. La comunidad jamás tuvo quejas de ellos, siempre se mostraban solícitos y atentos. Me gustaban.»

Campaña pública de desprestigio y guerra psicológica

Gran parte de los malos comentarios en torno a las actividades de los davidianos tenían mucho que ver con su llamativo líder espiritual, llamado Vernon Howell, pero mediáticamente conocido como David Koresh. Nacido en Houston (Texas) en el seno de una familia muy desestructurada – con un padre alcohólico y una madre menor de edad en el momento de su venida al mundo –, se agarró fuertemente a la religiosidad para encontrar sentido a su vida. En los años ochenta contactó con los davidianos, y se presentó como un profeta, el verdadero Cordero de Dios, cuya misión sagrada consistía en salvar al grupo del Apocalipsis. Como Mesías, pregonaba que sus hijos serían sagrados, logrando gradualmente que el resto de miembros del grupo aceptaran sus proclamas. Su harén de quince esposas fue una de las más escandalosas acusaciones contra Koresh, además de abusos infantiles que incluían relaciones sexuales con chicas de solo doce años de edad.

La tragedia acontecida en Waco tuvo una versión oficial que se instaló en la opinión pública súbitamente tras aquel 19 de abril de 1993. Los principales términos que se usaron en prensa y televisión eran repetidos hasta la saciedad: comuna, secta, sociopatía, pedofilia o suicidio masivo, entre otros. Todo este cóctel sirvió para que la gente asociara las imágenes de los davidianos en llamas con la de un grupo que había perdido la razón bajo los dictados de un fanático que solo buscaba el sometimiento, sin que se plantearan dudas sobre la actuación del grupo de asalto que cercó Monte Carmelo durante cincuenta y un días.

Durante esas seis semanas de cerco se demonizó al grupo hasta la extenuación. Todos los medios se esforzaron en que esperado asalto final fuera visto como un fin necesario para acabar con la barbarie. Allí se practicaron tácticas de guerras y militares en los que las autoridades estadounidenses ta eran por aquel entonces expertas. La carga psicológica a la que fueron sometidos los asediados fue brutal. Por ejemplo, durante día y noche se emitían en bucle villancicos, rugir de aviones a reacción, chillidos de conejos al ser degollados o una canción de Nancy Sinatra (These boots were made for walking) cuyo estribillo era muy elocuente: «Estas botas se han hecho para andar, y eso es lo que van a hacer. Uno de estos días estas botas pasarán por encima de ti.»

No hubo ningún tipo de empatía hacia los presentes en el rancho. Ni tan siquiera cuando David Koresh rogó que les trajeran leche materna para alimentar a los bebés, ya que la malnutrición de las mujeres impedían que pudieran darles de comer. La abogada de los davidianos, Linda Thompson, intercedió para lograr algún tipo de ayuda, pero solo recibió negativas por respuesta.

Mike Schroeder, un miembro del grupo, fue asesinado tras recibir disparos de al menos once agentes, y su cuerpo fue dejado en la verja metálica donde recibió los balazos, para que pudieran verle los residentes en el rancho, su esposa y su hijo incluidos. Días después fue depositado en un campo cercano para que fuera devorado por buitres y perros salvajes.

Por otra parte, los mensajes procedentes de las autoridades eran contradictorios. En ocasiones se aseguraba que saldrían sanos y salvos si deponían las armas – la posesión de armas de forma ilegal era otra de las grandes acusaciones contra el grupo –, mientras en otras se les decía que serían considerados amenazas potenciales si lo hacían, como el día 17 de abril, cuando el portavoz de la ATF (Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego) declaró que se dispararía contra cualquier persona que decidiera salir.

Desde el 28 de febrero, día en que comenzó el cerco, hubo una vorágine de noticias cruzadas y contradictorias. Al parecer, Koresh amenazaba con quemar el rancho si alguien intentaba entrar. Sus seguidores estaban convencidos de que el pregonado Apocalipsis había tomado la forma de los agentes federales que se apostaban alrededor. Por su parte, y sabiendo cuál fue el desenlace, no tiene sentido saber que solo había orden de detención emitida contra el propio Koresh. ¿Por qué movilizar a cien agentes y tres helicópteros para el operativo? ¿Por qué no se le detuvo antes, en sus visitas al pueblo o cuando salía a correr por las mañanas? El líder davidiano achacaba esta cuestión a la ATF y a sus deseos de venganza. ¿Pero por qué buscaban vengarse?

Motivaciones y contradicciones

David Koresh era contrario a la ATF y un firme defensor de la tenencia de armas. No era ningún secreto que los miembros de dicha organización se esforzaron en mostrar una imagen heroica frente a aquel grupo de “fanáticos armados”. Aquella operación de asalto – conocida con el poético nombre de Caballo de Troya – fue orquestada metódicamente, tanto desde el punto de vista logístico como mediático. De hecho, había reporteros que pensaban que todo aquel tinglado solo era un truco publicitario que pretendía asustar a los sitiados para obligarlos a deponer sus armas y entregarse de forma pacífica.

El 28 de febrero se dio comienzo a la operación, que pretendía detener a Koresh en menos de un minuto, con ayuda de los SWAT y con equipos de televisión rodando todo lo que pasaba. El problema es que Koresh había recibido un chivatazo telefónico y los davidianos estaban preparados. Aquello se saldó con cuatro agentes muertos, seis davidianos en iguales condiciones y dieciséis heridos. Dio comienzo así el asalto, con los intentos de Gary Noesner por dar fin de forma satisfactoria al temido enfrentamiento final.

Cuando el agente fue destinado a Waco no pasaba por un buen momento profesional. Veintiséis años después del suceso, Noesner es un reputado experto en negociaciones de secuestros. Desde 2003, cuando abandonó el FBI, es vicepresidente senior de Control Risks, una consultora internacional de riesgos, y participa habitualmente en conferencias y eventos sobre seguridad y terrorismo. En la producción de la miniserie ha coincidido con David Thibodeau, uno de los pocos seguidores de Koresh que sobrevivieron al asedio. No se veían las caras desde 1993, en Waco. A pesar de las discrepancias de ambos, que no se ponen de acuerdo sobre la responsabilidad de la tragedia, el exagente y el músico coinciden en señalar que Waco dejó importantes lecciones para los especialistas en la resolución de conflictos. Un resolución que no fue positiva, a pesar de lo que los medios pregonaron: se había acabado el asalto, pero no se pudo impedir que hubiera un suicidio colectivo en el edificio.

Repasando los hechos, las voces discordantes con esta simple explicación oficial han encontrado razones de peso para criticar la actuación. Por ejemplo, el ataque con gas CS que los davidianos resistieron durante ocho horas. El CS es un polvo cristalino de color blanco que causa irritación ocular, quemaduras en la piel, vómitos y problemas respiratorios que en intoxicaciones agudas conduce a la muerte. Precisamente, en enero de 1993, EE.UU. Se firmó un tratado para prohibir el uso bélico del CS. Un tratado del que el país era firmante.

Por si fuera poco, la molécula del gas CS contiene “radical de cianuro”, que absorbido por las pieles de los niños pudo provocar su muerte temprana. En los cuerpos de los supervivientes (diez davidianos), había alto contenido en cianuro. Además, el gas solo permanece suspendido por poco tiempo, acabando luego a ras de suelo, lo que lo hace muy peligroso al usarse en espacios cerrados, como Monte Carmelo. A pesar de estos hechos, en un primer momento el FBI dijo que dos davidianos fueron los causantes del incendio, cosa que la oficina de información tuvo que matizar poco después. A día de hoy, el incendio se sigue atribuyendo a alguno de los seguidores de Koresh, siendo la versión oficial. La ATF, como no podía ser de otras forma, estuvo a favor de esta explicación del suicidio masivo.

La incipiente red de redes comenzó a llenarse de dudas al respecto. Las actuaciones oficiales sobre el terreno, que incluyeron el derribo y enterramiento de los restos del rancho, no ayudó a despejar dudas sobre las explicaciones dadas hasta aquel momento. Incluso hubo documentales que señalaron al gobierno estadounidense, como Waco, las reglas del enfrentamiento, estrenado en enero de 1997. Dos años después, en Waco: la nueva revelación, se probó el uso del gas inflamable, negado durante seis años por el FBI, que tuvo que dar por buenas las pruebas mostradas por el director del documental, Michael McNulty. De hecho, imágenes aéreas en las que se ven llamaradas alrededor del rancho hicieron que muchos pensaran que los davidianos que intentaban salir eran tiroteados por los agentes. Además, se especuló con la presencia de miembros de la Fuerza Delta, un cuerpo militar cuya intervención estaba prohibida si no había aprobación del Congreso. El vídeo infrarrojo de la filmación desmostaba que los davidianos no dispararon contra los tanques que asaltaron el lugar, tal como se había declarado desde fuentes oficiales. Las partes más dañadas por el fuego fueron las salidas, y hubo fuego desde helicópteros contra los que querían huir.

Estas y otras contradicciones solo embarran un caso ya de por sí polémico, en el que toda la culpa recayó en un fanático y su grupo – Koresh no está libre de culpa, todo hay que decirlo – y en el que hubo mucho encubrimiento por parte de las agencias federales, sin esclarecerse aun hasta qué punto tuvieron que ver unos y otros en las muertes, unos por disparos y otros por asfixia o quemaduras.

Quedan juicios, declaraciones cruzadas, libros y documentales. Todo alrededor de una verdad velada y que parece que está lejos de quedar patente, a tenor de los esfuerzos de la administración norteamericana por librarse de las acusaciones. Intentos, por otra parte, cada vez menos efectivos, gracias al esfuerzo de investigadores independientes que se han atrevido a ir más allá de los informes. Un último ejemplo es el de la miniserie sobre los eventos de Waco. ¿Habrá un nuevo episodio en torno a esta polémica? Solo el tiempo lo dirá.

http://www.skepticfiles.org/waco/batf.htm

https://web.archive.org/web/20110610013628/http://www.firstthings.com/article/2008/09/001-waco-a-massacre-and-its-aftermath–12

https://www.sfgate.com/news/article/Puny-market-for-Davidian-muscle-car-David-2691411.php

https://www.news.com.au/world/north-america/bloodbath-and-inferno-at-waco-texas-david-koresh-and-his-bizarre-cult/news-story/9936de905c4aebfe968fdc2e5a2680bb

https://www.bbc.com/news/world-us-canada-46039014

https://www.thesun.co.uk/news/8107482/david-koresh-waco-siege-davidians-brits/

https://eu.usatoday.com/story/news/nation/2018/04/16/waco-25-year-anniversary-david-koresh/521276002/

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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