Arthur Conan Doyle contra Harry Houdini. ¿Hubo vencedor y vencido?

¿Quién no ha querido volver a hablar con algún ser querido fallecido? Ese anhelo tan universal ha llevado a multitud de personas a abrazar pensamientos, doctrinas y prácticas que aseguraban poder cumplir ese deseo. Un deseo que no siempre va ligado a la razón, y que en este caso juega un papel fundamental, porque el padre de Sherlock Holmes y el mago más importante del siglo XX querían exactamente lo mismo.

La historia que compartieron ambos personajes no es desconocida. Su pugna se convirtió en la comidilla de propios y extraños y sus duelos dialécticos pasaron a formar parte de la historia mientras sus posturas se alejaban irremediablemente. La animadversión de Houdini sobre todo lo concerniente al espiritismo no paró de crecer hasta que se topó con su prematura muerte, pero su fuente principal de desencanto con esta corriente de pensamiento fue la defensa a ultranza que esgrimía su otrora amigo Doyle.

«[Doyle] se ha negado a discutir la cuestión desde cualquier otra perspectiva que no sea la del espiritismo y, de todas nuestras conversaciones, solo cita aquellas que lo favorecen en todos los aspectos, y si uno no lo sigue dócilmente durante sus investigaciones, queda eliminado para siempre en lo que a sir Arthur concierne».1

Esta es una buena manera de resumir la postura de Erik Weisz – verdadero nombre del mago y escapista, convertido en Erich Weiss tras mudarse a Estados Unidos – ante su interlocutor, un hombre que llevó sus convicciones por bandera hasta la sepultura. Esta lucha ideológica tiene mucho que ver con la muerte, el dolor y la pérdida. También con ese anhelo por volver a tener contacto con esa persona que ya no está. Pero son únicamente algunas capas más de esa crónica histórica. Un buen envoltorio, un buen punto de partida que da más de sí cuando se indaga en las posibles motivaciones ocultas de ambas figuras. Al fin y al cabo, uno estuvo interesado en lo oculto desde joven y el otro era un experto ilusionista que además gustaba de desgranar cualquier truco habido y por haber, sacando mientras tanto a la luz los trapos sucios de quienes los ejecutaban.

Como no podía ser de otra forma, este año 2020 tiene una importancia crucial en esta historia, pues marca un centenario quizá no tan importante como otros, ni con trascendencia internacional, pero sí de un encuentro que cambiaría dos vidas para siempre. En 1920, Arthur Conan Doyle y Harry Houdini se conocieron cara a cara. Aunque bien es cierto que ya habían entablado contacto, no fue hasta ese año cuando tuvieron la oportunidad de cambiar impresiones cara a cara, cuando el segundo viajó a las islas británicas en el marco de una de sus giras. Ambos eran personalidades reconocidas desde hace mucho, y la admiración era recíproca.

Houdini, el ilusionista que desenmascaraba fraudes

Houdini debía su nombre artístico a Jean-Eugène Robert-Houdin, ilusionista francés que era y es considerado por muchos el padre de la magia moderna. Sus andanzas darían para un buen libro o un largometraje. Fue uno de esos magos de la guerra cuyas artes fueron aprovechadas por las autoridades para aupar la moral de las tropas y asustar a sus rivales.2 Sus andanzas fueron del gusto de Weisz durante años, hasta que finalmente atacó al ilusionista galo tachandolo de fraude y de imitador. Precisamente el ensayo que escribió al respecto fue el que envió a Conan Doyle antes de aquel primer encuentro de 1920.3

Aquel trabajo llamó la atención de Doyle, sobre todo en las versiones contrapuestas que ofrecían Houdini y Robert-Houdin de los mismos trucos. El armario espiritista, uno de los muchos trucos que se presentaban en las memorias del galo4, despertó sensaciones encontradas en el ya por entonces Sir, que veía en aquel artificio una prueba contundente a favor del espiritismo. Para Houdini, sin embargo, todo aquello no era más que una ilusión muy bien planificada y ejecutada.

«No existe, ni nunca ha existido, un médium de ninguna clase que no haya usado trucos o engaños».

Esta conclusión tan tajante no vino de cualquiera, sino del ilustre mago John Nevil Maskelyne, que en un trabajo conjunto con el psiquiatra Lionel A. Weatherly indagó en los límites entre lo natural y lo sobrenatural. Maskelyne puso las bases de esa duda sobre el ilusionismo en la mente de Houdini, sobre todo en base al caso de Ira Erastus y William Henry Davenport, famosos médiums estadounidenses que tenían en ese truco del armario espiritista una fuente de ingresos y un atractivo para los curiosos.

El truco siempre se ejecutaba de la misma forma: los hermanos se metían en un armario de tres puertas, sentados frente a frente y atados entre sí y de pies y manos con una cuerda. Uno de ellos estaba tras la puerta izquierda; el otro, tras la derecha; y, detrás de la central, había una guitarra, una trompeta, un violín, una pandereta y dos campanas. Cuando se cerraban las puertas y las luces se apagaban, empezaban a sonar los instrumentos y, cuando la luz volvía y se abría el armario, los Davenport seguían atados.

La actuación que ofrecieron en Cheltenham el 7 de marzo de 1865 fue observada con atención por Maskelyne, quien tenía la certeza de que ambos hermanos lanzaban alguno de los instrumentos fuera del armario para luego volver a atarse y achacar esa acción a los espíritus. Maskelyne prometió imitar los resultados a sus conciudadanos, cosa que logró el 19 de junio de 1865 junto a su amigo George Albert Cooke. Eso sí, a plena luz del día. Maskelyne, abuelo del también ilusionista y mago de la guerra Jasper Maskelyne 5, logró que los Davenport reconocieran su superioridad a la hora de ejecutar todo el proceso.

Conocedor de estas revelaciones, el propio Houdini logró el testimonio de Ira Davenport en 1911. Ese año Harry visitó al médium en Maysville, donde éste confesó que tanto él como su hermano se liberaban de sus ataduras para luego volvérselas a poner antes de que el juego de luces volviera a iluminar el armario. Todo se resumía en cuerdas largas, pericia para realizar nudos y el uso de aceite para facilitar escabullirse de las ligaduras.

Todas estas pruebas fueron las que presentó el mago húngaro a Doyle, quien sin embargo no alteró ni un ápice sus convicciones al respecto. Para él, todos estos ejercicios no tenían trucaje alguno, ya que estaba convencido de que los espíritus no siempre podían manifestarse con todo su poder, lo que llevaba a los médiums a usar artificios de cuando en cuando para no romper ese halo de misterio que rodeaba sus actuaciones. Agarrarse a un clavo ardiendo era algo a lo que el británico estaba muy acostumbrado, y Harry Houdini no iba a lograr convencerlo de lo contrario.

Es en estos primeros intercambios de pareceres cuando se pueden encontrar las primeras discrepancias en el relato “oficial” de esta pugna de egos. Si bien Houdini estaba totalmente convencido del contenido fraudulento de todos los espectáculos considerados sobrenaturales y de las artes ilusionistas, que no eran más que trabajos perfectamente medidos – y Desenmascarando a Robert-Houdin es la mejor prueba al respecto –, en su intercambio de pareceres con Arthur Conan Doyle se mostró muy benevolente al respecto, casi rozando la ambigüedad.

Tenía en su poder la confesión de Ira Davenport, al igual que los conocimientos necesarios para demostrar cada detalle de los trucos usados por muchos médiums y magos, y sin embargo no se mostraba tajante frente al prolífico autor. ¿A qué se debía ese doble juego? Al respecto hay varias suposiciones, aunque ninguna de ellas demostrada. ¿Era tan escéptico como aparentaba ser? ¿Tenía un interés oculto en su relación con Doyle? ¿Tras su trabajo sobre Robert-Houdin había empezado a investigar para cargar contra los espiristas? Cuestiones limítrofes que quedan envueltas en la duda, pero que tuvieron como detonante la muerte de su madre, Cecilia Steiner, en 1913.

Doyle, el convencido

«Los verdaderos protagonistas de esta historia no son Doyle y Houdini, sino una madre y un hijo muertos…» Ramón Mayrata no pudo resumir mejor el principal motivo del enfrentamiento al que se dedican estos párrafos.6

Muchos son los que únicamente reconocen a Arthur Conan Doyle como el creador de Sherlock Holmes. Otros con una visión y conocimientos más exhaustivos saben que igualmente escribió relatos de fantasía, horror, ciencia ficción, novelas históricas, obras de teatro, crónicas y poesía. Y algunos, quizá de forma demasiado despectiva, usan con él términos como “magufo”. Aunque es cierto que mucha culpa de ello la tiene esa defensa del espiritismo, que no atendía a pruebas ni a razonamientos, sino al dolor por la pérdida de un hijo. Aunque, a pesar de todo, el joven Doyle ya se había acercado a las ciencias ocultas y los misterios mucho antes de que su hijo Arthur-Alleyne Kingsley muriera en octubre de 1918.

Doyle no lo tuvo fácil, debido sobre todo a un padre con un gusto insano por el alcohol y con unas tendencias depresivas que facilitaron su ingreso en instituciones mentales en más de una ocasión. Un médico de formación que gustaba de practicar rugby o boxeo y que además no era ajeno a corrientes como el mesmerismo y su sucesora conceptual y clínica, la hipnosis.7

Los motivos de Arthur para abrazar las corrientes espiritistas y se alejara de ese materialismo en el que fue formado puede obedecer a más motivos que el de la muerte de su hijo, si bien es cierto que todo apunta a que la crisis espiritual y existencial derivada de este hecho luctuoso fue la que le dio el empujón necesario. Aunque es probable que esa crisis existencia fuera previa a ese momento, tal como se demostró en 2014, cuando la Biblioteca Británica de Londres expuso una carta inédita en la que Doyle confiesa que su fe en lo paranormal le libraba de la angustia de saber que su retoño estaba bajo una lluvia de balas y pólvora.

«No tengo miedo a la muerte del niño. Desde que me convertí en un espiritualista convencido, la muerte se convirtió más bien en una cosa innecesaria, pero temo el dolor y la mutilación».8

Al fallecimiento de Arthur-Alleyne Kingsley siguió el de uno de los hermanos de Doyle, Innes, acaecido en febrero de 1919, cuando murió en Bélgica tras contagiarse de la conocida como gripe española, lo que contribuiría a alimentar esos deseos internos del autor por poder contactar con el más allá. Esa transformación traspasó igualmente su labor literaria, donde se puede encontrar esa deriva en el personaje del profesor Challenger, pasando del materialismo al empirismo y de éste a una apertura más allá de lo físico.9

Puede sorprender el hecho de que Conan Doyle fuera desde 1893 miembro de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, aunque aún no creyera en la doctrina espiritista. Sin embargo, muchos científicos con los que mantuvo correspondencia sí que abrazaron paulatinamente esa doctrina, lo que finalmente arrastró a Arthur, que por otra parte ya tenía un amplio historial al respecto, con ejemplos como su defensa del célebre caso de las hadas de Cottingley10o el fraude del Hombre de Piltdown11. Su Historia del Espiritismo da buena fe de su crítica furibunda al materialismo.

«Se preguntará por qué las antiguas religiones no salvan al mundo de su degradación espiritual, a lo cual contestaremos que todas lo intentaron, pero todas han fracasado en el intento. Las Iglesias que las representan degeneraron y se han vuelto mundanas y materiales. Perdieron todo contacto con la vida del espíritu, y se contentan con referirlo todo a los tiempos antiguos… El Espiritismo forma un conjunto de ideas y enseñanzas compatibles con todas las religiones… Sólo existe una escuela con la cual es absolutamente irreconciliable: la escuela del materialismo, que tiene agotado el mundo y es causa radical de todos nuestros infortunios».12

El último hecho a tener en cuenta para comprender este cambio de vida y pensamiento es su matrimonio con Jean Leckie, la que fue su segunda esposa, con la que contrajo matrimonio habiendo transcurrido un año escaso desde el fallecimiento de Louise Hawkins. Ella fue la médium que canalizó los mensajes de la pobre madre de Harry Houdini en la sesión en la que comenzaron las hostilidades entre éste y Doyle. Un legendario encuentro del que aquí no se ha desvelado nada hasta ahora. Una vez establecidos los antecedentes que llevaron a ambos a interesarse por estas cuestiones, es hora de arrojar luz al respecto.

Una cuestión de idioma

Es necesario volver aquel primer encuentro entre los dos ilustres hombres en 1920. Este encuentro se produjo en Crowborough, cuando el húngaro visitó el lugar para dar algunos de sus shows. Sir Arthur no desaprovechó la ocasión, y además le confesó algo con lo que trató de convencerlo de que sus sospechas sobre el carácter dudoso de las actividades de los médiums eran infundadas: el autor aseguraba haber hablado al menos en seis sesiones distintas con su hijo muerto.

La muerte de Cecilia Steiner había despertado las dudas en su hijo Eric. ¿Podría ser verdad todo aquello sobre lo que leía? ¿O todo se debía a ese interés oculto al que se hacía alusión anteriormente sobre un incipiente deseo del mago de desacreditar aquellas prácticas? Una u otra, lo único que se sabe con certeza es que el Sir fue la puerta de entrada de Houdini a aquel nebuloso mundo lleno de secretismo y escenificación, no tan ajeno al que él mismo conocía al dedillo debido a su profesión. La Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres recibió a su invitado, que presenció varias sesiones en las que intervino la médium Marthe Béraud, la posteriormente conocida como Eva Carriére13.

Años atrás, tras la muerte del joven con el que se iba a casar, Marthe materializó el espíritu de un brahmán hindú llamado Bien Boa que resultó ser a veces una tosca figura de papel maché y otras un cochero árabe disfrazado. Sus sesiones en Francia introdujeron un fuerte contenido erótico, lo que llamó la atención de la Sociedad de Investigaciones, que deseaba saber más al respecto.

A Houdini nada de aquellas sesiones le impresionó. De hecho, sugirió en A magician among the spirits que todo era pura prestidigitación y mucho papel maché para el ectoplasma. Sin embargo, ese primer y decepcionante contacto no menoscabó la amistad entre los dos hombres, que tenían muy claras sus posturas el uno hacia el otro. Doyle veía en el mago una prueba viviente de todo lo que pensaba sobre los poderes psíquicos, y Houdini seguía manteniéndose cauto hacia las posturas espiritistas la mismo tiempo que rebajaba los dones que su amigo le atribuía.

Hubieron de pasar un par de años para que volvieran a encontrarse, esta vez en Nueva York, en casa del mago. Comieron juntos e hicieron planes para cuando finalizara la gira de conferencias que Doyle daría en aquellos días. Houdini invitó a Conan Doyle al banquete que cada año reunía a los miembros de The Society of American Magicians. En un primer momento, el autor se negó aduciendo que en aquel lugar se simulaban los actos espirituales. Para Doyle aquello era un ataque directo a sus convicciones, pero Houdini logró convencerle.

Aquella velada no debió ser del todo desagradable, pues días después – en junio, concretamente – ambas familias se reunieron en Atlantic City. Doyle estaba convencido de poder atraer a su amigo a su postura, así que le sugirió una sesión en la que Jean Leckie, contactaría con Cecilia Steiner. Sería la prueba definitiva de que todo lo que llevaban hablando años era real. Harry tendría su prueba – a favor o en contra, eso aún no lo sabía, o a eso jugó durante todo el tiempo que se relacionó con Arthur – y ambos podrían ver reforzadas sus ilusiones. Se reunieron los tres en un cuarto del hotel. Sir Arthur bajó las persianas y pronunció una oración.

Lo que allí aconteció ha hecho correr ríos de tinta, aunque lo único que se puede suponer es que Houdini rompió con el espiritismo para siempre justo en aquellos momentos. Y la razón para hacerlo fue muy sencilla: se sintió profundamente estafado, o eso fue lo que aseguró hasta el día de su muerte. Jean Leckie transcribió supuestos mensajes de ultratumba en varios folios – un total de quince –, que el húngaro leyó en absoluto silencio, sin hacer comentarios. ¿Cómo se desarrolló la sesión? ¿Cómo acabó? De eso poco se puede decir, pero sí que había algo claro: Cecilia no se manifestó en aquella habitación.

Hubo varios elementos que hicieron medrar la paciencia de Houdini, pero uno de ellos era especialmente sangrante: la carta estaba escrita íntegramente en inglés. Aquello no debía ser un problema, a menos que se supiera que Cecilia Steiner efectivamente vivió en Estados Unidos, pero jamás aprendió el idioma. Si este pequeño detalle no fuera lo suficientemente sangrante, se puede recurrir a un par de ejemplos más. En aquellos folios, la supuesta madre de Erik le llamaba siempre por su nombre artístico – cosa que jamás hizo en vida – y además comenzó la carta con una cruz, siendo esto bastante improbable, al ser esposa de un rabino judío.

La génesis de Un mago entre los espíritus ha sido situada justo en aquel día, cuando las diferencias entre los otrora amigos se hicieron insalvables. Durante los siguientes años, ambos se dedicaron reprimendas, insultos cruzados y amenazas judiciales, siempre con un intento nada sutil de desprestigiar la labor del otro. Aquella espiral de tensión no duraría excesivamente, pues el ilusionista murió en 1926 debido a una peritonitis14 y Doyle hizo lo propio en 1930 tras sufrir un infarto.

Esta historia podría acabar de esta manera, pero aún queda una última cuestión que sacar a colación. Una suerte de broma macabra, un último juego que Houdini ideó antes de morir a los cincuenta y dos años de edad. Eduardo Caamaño, autor de la última biografía en español del mago, expresó de esta forma lo que viene a denominarse “Código Houdini”:

«Houdini le dijo a su mujer, Bess, que si realmente existía el mundo de los espíritus, él regresaría a la Tierra para decírselo. Pero no lo haría de cualquier forma. Se comunicaría con ella mediante un código secreto que mezclaba letras con números».

Este código sólo era conocido por Bess, que oficiaba una sesión de espiritismo durante cada aniversario de la muerte de su marido, como si éste hubiera aceptado entrar al trapo de aquel juego que criticó durante sus últimos años. La promesa de una buena recompensa económica – se hablaba de unos diez mil dólares – atrajo a multitud de médiums que quisieron poner en contacto a la pareja, pero siempre se encontraban ante el desconocimiento de ese código, lo que probaba la falsedad de sus métodos a ojos de Bess. Aunque la cuestión sigue siendo polémica, pues se debate si verdaderamente hubo alguien capaz de descifrar aquel código, en este caso Arthur Ford, un personaje muy famoso dentro de esos círculos.

Ford se presentó ante Bess con un mensaje que incluía el código, y aquello fue visto por muchos como prueba de que, a pesar de todo, Houdini llegó a creer desde la otra vida en todo lo que había negado hasta el final. El problema es que Bees estaba en aquel momento muy enferma, casi senil, lo que podría haberla llevado a confesar el código a algún biógrafo, tal como aseguró ella misma. De haber sido así – cosa muy plausible – Ford habría llegado a ese código fácilmente. ¿Qué decía exactamente aquel código? Muchos se han aventurado a dar pistas, pero ha sido Roger Clarke en su obra La historia de los fantasmas: 500 años buscando pruebas quien ha ofrecido una última explicación:

«Rosabelle – al parecer la canción favorita de la pareja –: answer – tell – pray, answer – look – tell – answer, answer – tell». ¿Por qué Rosabelle? Porque era la canción favorita de ambos. «Una vez determinada la identidad de Rosabelle, la señal secreta de Houdini habría deletreado una orden clara desde el más allá. Y aquella orden era, simplemente, “Believe” [cree]».

Fuentes

  • Caamaño Justo, Eduardo. Houdini, Almuzara, 2016.
  • Caamaño Justo, Eduardo. Arthur Conan Doyle, Almuzara, 2018.
  • Clarke, Roger. La historia de los fantasmas: 500 años buscando pruebas, Siruela, 2016.
  • Conan Doyle, Arthur. Historia del Espiritismo, traducida por la Federación Espírita Española, 2015.
  • Giuffre, Mercedes. Conan Doyle y el espiritismo, Revista Evaristo, agosto de 2016.
  • Houdini, Harry. Desenmascarando a Robert-Houdin, Publishers Printing Company, 1908.
  • Mayrata, Ramón. Sherlock Holmes contra Houdini. Arthur Conan Doyle, Houdini y el mundo de los espíritus, Editorial La Felguera. 2014.
  • Robert-Houdin, Jean Eugène. Confidencias de un prestidigitador, Editorial Maxtor, 2011.

Notas

1 A magician among the spirits se publicó por primera vez en 1924. En castellano, esta vertiente de su vida se une al resto de su biografía en Houdini, de Eduardo Caamaño Justo.

2 En 1856, el Segundo Imperio Francés de Napoleón III envió a Robert-Houdin a Argelia. En la residencia del jeque Bou-Allem, en medio del desierto, se escenificó un truco en el que se logró la promesa de fidelidad a Francia cuando un Houdin retó a un argelino a dispararle y atrapó la bala con la boca.

3 Houdini, 1908. Desenmascarando a Robert-Houdin, Publishers Printing Company.

4 Robert-Houdin, 2011. Confidencias de un prestidigitador, Editorial Maxtor.

5 Ruiz Herrera, Félix, 2019. Jasper Maskelyne y el Magic Gang vs Rommel: un ilusionista enfrentado al Afrika Korps, https://www.misteriored.com/jasper-maskelyne-y-el-magic-gang-vs-rommel-un-ilusionista-enfrentado-al-afrika-korps/

6 Mayrata, 2014. Sherlock Holmes contra Houdini. Arthur Conan Doyle, Houdini y el mundo de los espíritus, Editorial La Felguera.

7 Para conocer más sobre la corriente mesmerista, a modo de introducción, dejo un par de artículos propios. Ruiz Herrera, Félix, 2019. El mesmerismo: aproximación al hombre y su teoría

El mesmerismo: aproximación al hombre y su teoría
y Ruiz Herrera, Félix, 2019. Mesmeromanía: la fiebre del mesmerismo en Viena y París, artículo contenido en Phenomena Magazine Año V – # 19 – Marzo de 2019 (revista digital gratuita y descargable).

8 https://www.elcomercio.com/tendencias/carta-inedita-conan-doyle-confirma-espiritismo-creencia-sherlock-holmes.html

9 El profesor George Edward Challenger es el protagonista principal de los relatos de ciencia ficción de Arthur Conan Doyle. Sus andanzas comienzan con El mundo perdido (1912), sigue con La zona ponzoñosa (1913), La tierra de las brumas (1926), Cuando la tierra lanzó alaridos (1928) y La máquina desintegradora (1929). Es en La tierra de las brumas o El país de la bruma donde se narra la conversión del incrédulo profesor Challenger al espiritismo. Para saber más, se recomienda a los interesados acudir a Giuffre, Mercedes. Conan Doyle y el espiritismo, Revista Evaristo, agosto de 2016. http://evaristocultural.com.ar/2016/08/19/conan-doyle-y-el-espiritismo/

10 Sobre este asunto escribió un artículo publicado en Strand Magazine titulado Hadas fotografiadas: un suceso memorable, tema sobre el que profundizó en su obra El misterio de las hadas (1921).

11 El fraude se basó en el hallazgo de restos óseos (en concreto un cráneo parcial, un diente suelto y una mandíbula con dientes) supuestamente descubiertos en Inglaterra en 1908, en Piltdown, un pueblo de Sussex, de un posible antecesor del ser humano. Precisamente, Arthur Conan Doyle ha sido históricamente uno de los sospechosos de haber colaborado en aquel engaño perpetrado por Charles Dawson.

12 Doyle, 1983: 414. Historia del Espiritismo, traducida por la Federación Espírita Española, 2015.

13 La vida y la obra de la médium estuvo envuelta en la polémica desde que aseveró haber obtenido sus poderes psíquicos tras la muerte de su prometido, Maurice Noël, en 1904.

14 La leyenda urbana ha establecido que el detonante de aquel mal fue causado en octubre de 1926, en Montreal, cuando unos estudiantes universitarios se dirigieron a Houdini mientras descansaba tras haber terminado uno de sus espectáculos. Recibió un primer puñetazo muy fuerte de alguien llamado Joselyn Gordon Whitehead, una supuesta una estrella de boxeo de la universidad y del que apenas se tienen datos. La muerte sobrevino a Harry el día 31 de ese mes de octubre. Esa historia tiene un recorrido importante por Internet, siendo recogida en multitud de webs dedicadas a reproducir e indagar sobre estas leyendas. Aquí, por ejemplo, el enlace de Snopes.com https://www.snopes.com/fact-check/death-of-houdini/

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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