Sodoma y Gomorra: ¿alegoría, evento catastrófico natural o uso de armamento desconocido?

¿Recuerdan la historia de Abraham, el primer Patriarca? Hoy les quiero contar una historia relacionada con él, aunque ésta en concreto se refiere a algo sucedido a su sobrino Lot, del que mucho se ha hablado por ser uno de los primeros represaliados por el dios del Antiguo Testamento tras los acontecimientos del Diluvio. Vamos a tratar un evento que llamó la atención de los ufólogos del siglo XX, por su espectacularidad y por la nada sana tendencia de algunas personas en tomarse demasiado al pie de la letra los contenidos de los libros sagrados. Hablo de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Pero vayamos paso a paso.

Abraham se casó con su medio hermana, Sara. Luego, toda la familia partió desde “Ur de los caldeos” hacia la tierra de Canaán. Como Dios le ordenó, el Patriarca y su familia partieron hacia el país que él indicaría, formándose una comitiva que contaba con un nutrido grupo de personas y rebaños. Todos juntos llegaron hasta Siquem, donde Dios dio a su seguidor aquella tierra, como se desvela en Génesis 12, 7: “A tu descendencia daré yo esta tierra.” Lógicamente feliz ante tal revelación, se levantó un altar en honor a Dios y se celebró aquel regalo, pues como pueblo seminómada, que una divinidad te de en propiedad una porción de terreno que explotar y donde permanecer durante largo tiempo de forma estable era toda una bendición. De momento, el regalo parecían envenenado, pues allí había una hambruna que obligó a la comitiva a seguir hacia el sur, a través del desierto del Neguev, hasta llegar a Egipto.

 

La partida de Abraham y los suyos se suele enmarcar dentro de la gran migración de grupos tribales desde el Cáucaso hasta la zona este del Mediterráneo. La arqueología ha demostrado que aquellos movimientos nómadas se debían a la ganadería, que desplazaba a grupos humanos enteros en busca de nuevos territorios propicios para sus animales. Según Mariano Fernández Urresti, que a su vez cita al profesor Jesús Peláez del Rosal, diferentes tablillas de Oriente Próximo indican que existía cierta preocupación de los líderes del lugar por culpa de la invasión de esos grupos itinerantes. Entre estos estaban los misterioso habiru, que algunos expertos relacionan con los hebreos, a pesar de que debieron llegar muchos otros grupos procedentes de otros lugares, que fueron adoptados por sus anfitriones como soldados o como mercenarios. Quizá alguno de esos pueblos fuese el de Abraham, aunque la historia no aporta pruebas que respalden dicha suposición.

La destrucción de Sodoma y Gomorra imaginada por John Martin en 1832

 

Pronto se produce el conflicto inevitable entre tío y sobrino. Lot, que contaba también con numerosos rebaños, igual que su tío, rivalizaba con Abraham por los recursos, que al parecer no eran suficientes para mantener a todos los que allí se reunían. Sabedores de que la situación no podía mantenerse, ambos decidieron de mutuo acuerdo separarse, dividiendo el grupo en dos, cada uno de los cuales seguiría a uno de los dos líderes. El grupo de Abraham partió hasta Hebrón. En cambio, el de Lot se dirigió hasta la llanura donde se levantaban las míticas Sodoma y Gomorra, las ciudades destruidas por Dios debido a los pecados de sus habitantes.

En la zona había un conflicto del que Lot nada sabía y que en el que se vio envuelto sin saberlo. El grupo que llegó a la zona fue hecho prisionero por el grupo de pueblos que ganaron la contienda frente a las dos ciudades, siendo trasladados los presos hasta Dan, ciudad que luego marcaría la frontera del reino de Israel. Abraham y los suyos supieron lo ocurrido a sus compañeros, por lo que pronto urdieron un plan que acabaría con el rescate de los pastores y el regreso de Lot a Sodoma.

Verdaderas barbaridades se han dicho sombre ambas ciudades. De hecho, aun se conserva la palabra “sodomita” como término peyorativo en cuanto a la actitud y las prácticas sexuales de algunas personas. Dicho término, que por suerte cada vez está cada vez más en desuso, nos retrotrae a los tiempos en que se escribió el relato sobre ambas ciudades y su fatal destino. Es probable que el escriba que se hiciera cargo de esta parte de la historia bíblica sintiera un exagerado rechazo hacia la cierta libertad sexual que podía encontrarse en el territorio. Sabemos que en este sentido las costumbres y leyes israelitas eran bastante estrictas, y todo lo que se saliera un poco de lo que se entendía como “normal” era visto como una auténtica afrenta a Dios.

Habitantes de Sodoma provocando la ira divina, de François Elluin (1781)

El papel de Lot en dicho contexto parecía estar encaminado a tratar de cambiar las costumbres sexuales de los habitantes de aquellas ciudades. Él y su pueblo no se asentaron dentro de la propia Sodoma, sino que acamparon a sus puertas, no mezclándose con aquellas gentes. Conocedor de los males que se cometían allí, Dios le comunicó a Abraham que acabaría con aquel mal de raíz, destruyendo la ciudad. Sin embargo, Lot y los suyos podrían salvarse. El Patriarca, compasivo como nos lo retratan estas páginas, trató de rescatar de la muerte a aquellos que no fueran pecadores. Dios le dijo que allí no había justos, pero dejó hacer al pastor, que se convenció de que no había nada que salvar.

Génesis 19 nos muestra a dos ángeles que llegaron hasta Lot para hacerle saber lo que iba a pasar. Parece sorprendente que el hombre no se extrañara mucho, pues los hizo pasar y les invitó a descansar junto a su familia aquella noche. Los habitantes de la ciudad se dieron cuenta de que los visitantes eran de una belleza fuera de lo común, pues no tardaron en rodear la casa de Lot para pedirle al anfitrión que sacara de allí a sus invitados para poder acostarse con ellos. El sexo con ángeles es otro tema latente que viene de muy atrás, desde los tiempos previos al Diluvio, con aquella historia de los ángeles caídos y las mujeres, cuyas relaciones dieron como fruto a los “Gigantes”, siendo esta unión prohibida uno de los motivos que llevó a Dios a hacer caer el Diluvio sobre el mundo.

Menos mal que Lot sabía que aquellos dos huéspedes eran especiales, y que entregar a ángeles enviados por el Altísimo a la perversión podría significar su caída a ojos de este. ¿Qué hacer ante la insistencia de los libidinosos sodomitas? Pues entregar a cambio a sus dos hijas, ambas castas y puras. Medidas desesperadas para tiempos desesperados. Pero una mujer no valía tanto como un ángel hermoso – y quizá de aspecto masculino, por lo peyorativo del término “sodomita” – y los congregados frente a la casa lo sabían muy bien. Era hora de que los ángeles desplegaran sus dones sobrenaturales e intercedieran por las pobres chicas. Génesis 19, 6-11 cuenta lo siguiente:

Lot salió de la casa y se dirigió a ellos, cerrando la puerta tras de sí, y les dijo: “Les ruego, hermanos míos, que no cometan semejante maldad. Miren, tengo dos hijas que todavía son vírgenes. Se las voy a traer para que ustedes hagan con ellas lo que quieran, pero dejen tranquilos a estos hombres que han confiado en mi hospitalidad.” Pero ellos le respondieron: “¡Quítate de en medio! ¡Eres un forastero y ya quieres actuar como un juez! Ahora te trataremos a ti peor que a ellos.” Lo empujaron violentamente y se disponían a romper la puerta. Sin embargo, desde dentro los ángeles estiraron el brazo, metieron a Lot dentro en la casa y cerraron la puerta. Luego, a todos los que estaban fuera los dejaron ciegos para que no pudieran entrar.

Era el momento de huir de la ciudad, pues Dios estaba a punto de reducirla a cenizas. Los ángeles indicaron a Lot que se fuera de allí junto a los suyos. Pero no todos creyeron las palabras del líder, que solo pudo contar con la compañía de su mujer y sus hijas en la frenética huida. Antes de la partida, los ángeles advirtieron algo muy importante a Lot: Por nada del mundo debían mirar atrás, pasara lo que pasara. El castigo por incumplir este mandato era la muerte. A continuación llegó la hecatombe. Dios, furioso por los pecados que se cometían en aquel lugar, envió una lluvia de fuego y azufre que cubrió el páramo y acabó con las vidas de todos los que se encontraran en el lugar. Abraham pudo ver lo que ocurrió en el valle desde muy lejos, aunque a él no le pasó nada malo por hacerlo. En Génesis 19, 24-26 se nos relata que hubo alguien que incumplió la orden, y se trataba de la esposa del desdichado Lot:

En ese momento Dios hizo caer del cielo una lluvia de azufre encendido sobre Sodoma y Gomorra. Así fue como Dios acabó con las ciudades del valle y sus habitantes, y también destruyó toda la vegetación. Pero la esposa de Lot miró hacia atrás y quedó convertida en estatua de sal.

Vayamos por partes. ¿A qué puede referirse la lluvia de azufre que cae sobre las ciudades? Difícil cuestión. Quienes aluden a la supuesta naturaleza extraterrestre de Yahvé, dicen que aquello se trató del uso de un arma descomunal. Ya he hecho alusión en algún momento concreto a la HET – hipótesis extraterrestre – con la que algunos tratan de explicar todos los aspectos polémicos de las escrituras. No será esta la única vez. Una interpretación demasiado literal de los pasajes bíblicos pueden llevar a imaginar eventos catastróficos protagonizados por artefactos que se escapan a la tecnología que presuponemos en aquel remoto tiempo. Si entre los lectores hay alguien especialmente interesado en la cuestión de un Yahvé extraterrestre, les remito a libros como ¿Qué vio la mujer de Lot? de Marius Lleguet o Dioses y astronautas en el antiguo Israel de Raymond Drake. Por mi parte, creo que reducir estas cuestiones – o la ufología en general – a la HEP es una simplificación que poco favor hace a quienes buscan respuestas a cuestiones tan complejas. Es más lógico pensar en una causa más común, como una erupción volcánica producida en otro lugar y que afectara a la zona, o una enfermedad que arrasara con la población. Todo ello por no hablar del lenguaje simbólico y plagado de alegorías que se usan en la Biblia, o que la arqueología aun no ha ofrecido pistas de la existencia de estas ciudades, más allá de algún que otro anuncio polémico al respecto que fue rápidamente desacreditado o ha caído en el olvido.

Como curiosidad, incluso dentro del célebre anime japonés se ha hecho alusión al fatal acontecimiento. En la película de Hayao Miyazaki El Castillo en el Cielo, del célebre Studio Ghibli y que vio la luz en 1986, se menciona la destrucción de Sodoma y Gomorra, refiriéndose a la misma como un “fuego divino” provocado por un láser enviado desde la mítica tierra de Lapuntu, una isla flotante creada por una antigua y extinta civilización. Esto da testimonio del legado cultural de este relato, que se ha convertido en universal.

Fuentes:

  • ARIAS, Juan. La Biblia y sus secretos, Punto de Lectura, 2007.

  • FERNÁNDEZ URRESTI, Mariano. Los pecados de la Biblia, Espejo de tinta, 2006.
  • GREENBERG, Gary. 101 mitos de la Biblia, Ed. Océano, Barcelona, 2002.

 

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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