¿Primero la Luna, luego la Tierra?

La Luna se formó dentro de una nube de roca vaporizada, y tal vez lo hizo antes que nuestro propio planeta, sugiere una nueva teoría científica. La mayoría de los científicos creen que la Luna se originó como resultado del impacto de un cuerpo del tamaño de Marte llamado Theia contra la Tierra hace unos 4.500 millones de años. El violentísimo choque arrojó rocas y metales fundidos a la órbita de nuestro planeta que terminaron fusionándose entre sí para acabar formando la eterna compañera que vemos en el cielo nocturno. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por la Universidad de California Davis y la de Harvard cuenta una historia diferente a la que hemos escuchado en los últimos veinte años.

La nueva explicación, publicada en la revista Journal of Geophysical Research: Planets, reconoce episodios de colisión, sí, pero no de la manera en la que se contaba hasta ahora. Según la nueva versión, la Luna surgió en el interior de la Tierra, cuando nuestro planeta era una «synestia», una hirviente nube de roca vaporizada que gira alrededor de sí misma como una especie de «donut» gigante. Se trata de un nuevo tipo de objeto planetario, propuesto recientemente por los mismos autores, que se forma también por el choque brutal de otros cuerpos de gran tamaño. Su nombre deriva de «syn», juntos, y «Estia», diosa griega de la arquitectura.

Los autores creen que estas rosquillas cósmicas eran gigantescas, hasta diez veces el tamaño de la Tierra, pero probablemente no duraban mucho, tal vez solo cientos de años. Se encogen rápidamente a medida que irradian calor, lo que hace que el vapor de roca se condense en líquido y finalmente se colapse en un planeta fundido. «Nuestro modelo comienza con una colisión que forma una “synestia”», explica Simon Lock, investigador de Harvard. «La Luna se formó dentro de la Tierra vaporizada a temperaturas de 2.200 ºC a 3.300 ºC y presiones de decenas de atmósferas», concluye.

Una vez que se formó la «synestia» terrestre, los trozos de roca fundida lanzados en órbita durante el impacto formaron la semilla de la Luna justo en el centro de la estructura. La roca de silicato vaporizado se condensó en la superficie del «donut» y llovió sobre la protoluna, mientras que la propia «synestia» terrestre se reducía gradualmente.

«La tasa de lluvia es aproximadamente diez veces mayor a la de un huracán en la Tierra», explica Lock. «Con el tiempo, toda la estructura se contrae y la Luna emerge del vapor. Entonces toda la “synestia” se condensa y lo que queda es una bola de roca líquida que finalmente forma la Tierra tal como la conocemos hoy», añade. Todo el proceso sucede notablemente rápido: la Luna emerge en solo unas pocas decenas de años y la Tierra se forma aproximadamente 1.000 años más tarde.

El nuevo trabajo también puede explicar características de la Luna que son difíciles de resolver con las ideas actuales, como que sea mucho menos abundante en muchos elementos volátiles como el potasio, el sodio y el cobre, relativamente comunes en nuestro mundo. No solo sus diferencias son una incógnita, también sus similitudes, ya que la firma isotópica selenita (algo así como su huella dactilar) es muy parecida a la de la Tierra. En el caso de un único choque gigante, lo esperable es que el cuerpo resultante resultara una mezcla del impactador y nuestro mundo, y eso no se ha encontrado.

Según la nueva hipótesis, la Luna heredó su composición de la Tierra, pero debido a que se formó a altas temperaturas, perdió los elementos fácilmente vaporizados, lo que explica su distinta composición.

https://www.space.com/39841-moon-formed-from-synestia-earth-crash-theory.html

https://www.ucdavis.edu/news/synestia-new-type-planetary-object/

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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