Posverdad: La era de las noticias ficticias

Días antes de las elecciones del 8 de noviembre en Estados Unidos, el dueño de la pizzería Comet Ping Pong, en Washington DC, notó un explosivo e inusual aumento de seguidores en Instagram. Tras eso, la cuenta de James Alefantis se llenó con mensajes de personas que decían que lo estaban vigilando. Luego empezó a recibir amenazas de muerte a través de Facebook y Twitter: todas aseguraban que su restaurante era la base de operaciones de un grupo dedicado al abuso sexual infantil liderado por la candidata demócrata Hillary Clinton y su jefe de campaña, John Podesta.

El sorprendido empresario investigó y en internet encontró decenas de artículos que afirmaban que Clinton traficaba niños en la parte trasera del restaurante y que circulaban profusamente en Facebook, gracias a enlaces que remitían a sitios recién aparecidos como El Nuevo Nacionalista. Incluso The New York Times contó que la banda Heavy Breathing, la cual tocó en el local varias veces, cerró su cuenta de Twitter ante los agresivos comentarios que recibió, y la policía tuvo que intervenir cuando un sujeto llegó al restaurante a grabar un video para corroborar las denuncias.

La acusación -conocida en redes sociales como #pizzagate- es falsa y aunque Alefantis apoyó a Clinton y tuvo una relación con uno de sus partidarios, nunca conoció a la candidata, ella no vende niños y él tampoco está siendo investigado por eso. Debido a sus afiliaciones políticas, Alefantis se convirtió en una de las víctimas más visibles de las fake news o noticias falsas. Estas informaciones ficticias, como una que titulaba “El Papa Francisco sorprende al mundo y apoya a Donald Trump como presidente” y otra que anunciaba un video en el que Bill Clinton violaba a una niña de 13 años, circularon velozmente a través de redes sociales y sitios web diseñados con ese fin.

Es el caso de WTOE 5 News, que publicó la nota del pontífice, y Abcnews.com.co, una copia descarada del portal de la cadena noticiosa ABC y cuyo fundador, Paul Henderson, se ufanó de haber incidido directamente en la victoria de Trump con notas ficticias que perjudicaban a los demócratas, como la que divulgó en julio y decía que el presidente Barack Obama prohibiría la venta de armas de asalto. “Trump está en la Casa Blanca debido a mí. Sus seguidores no chequean nada, comparten todo y creen cualquier cosa. Su jefe de campaña posteó como un hecho una historia sobre un manifestante anti-Trump al que le habían pagado 3.500 dólares por protestar en sus actos. Pero eso lo inventé yo”, dijo Henderson en The Washington Post.

En la entrevista también reconoció que su fin era monetario: el alto tráfico que recibió su portal le permitió ganar hasta 10 mil dólares mensuales provenientes de AdSense, el servicio de publicidad en línea de Google que paga cada vez que un usuario ve o hace clic en los avisos que despliega un sitio. Los alcances de estas informaciones ficticias, que tímidamente empiezan a asomarse en Chile, quedaron en evidencia en un reporte del portal BuzzFeed que reveló que en los últimos tres meses de la campaña las noticias falsas pro-Trump generaron 8,7 millones de reacciones y comentarios en Facebook, mientras que las de medios tradicionales como NBC y Huffington Post sólo 7,3 millones.

Los resultados alarmaron a las autoridades de Estados Unidos porque, según la consultora Pew Research, el 44 por ciento de sus ciudadanos se informa principalmente a través de Facebook. Frente a esta situación, y al hecho de que hoy la red de Mark Zuckerberg suma 1,6 mil millones de usuarios en el planeta, el presidente Obama calificó a las noticias falsas como una amenaza para la democracia y para la discusión seria de problemas globales y comprobados. “En tu Facebook una explicación sobre el calentamiento global de un físico ganador del Nobel se ve exactamente igual a una negación escrita por alguien pagado por los hermanos Koch”, dijo el mandatario a la revista New Yorker, aludiendo a dos magnates partidarios de Trump y férreos opositores a la existencia del cambio climático.

Precisamente, un estudio divulgado hace unos días por la Universidad de Stanford muestra lo difícil que hoy es distinguir entre lo real y lo inventado: en uno de los tests, el 90 por ciento de los estudiantes universitarios entrevistados fue incapaz de darse cuenta que un sitio de noticias que les mostraron era un portal creado por un grupo de lobistas. “La respuesta a este caos es enseñarle a la gente a separar verdad de ficción en una era digital. Esto siempre ha sido un desafío en una democracia, pero la facilidad con la cual hoy fluyen las informaciones ciertas y falsas hace que los riesgos sean mucho mayores”, dice desde Estados Unidos Sam Wineburg, profesor de educación de Stanford y coautor del reporte.

Claire Wardle, directora de investigación del Centro Tow de Periodismo Digital en la Universidad de Columbia, explica que esas páginas que se disfrazan de portales reales y usan el mismo tipo de titulares e imágenes se aprovechan de las inseguridades de la gente. “Cuando los seres humanos nos encontramos furiosos o asustados, nuestras habilidades críticas no funcionan muy bien. Si las personas sienten temor y leen titulares que refuerzan su visión del mundo, son mucho más propensas a creer en lo que leen sin cuestionarlo”, dice a Tendencias.

En una columna publicada en The Guardian, el periodista estadounidense Andrew Smith –autor del libro ‘Totalmente conectados’ – dice que la facilidad con la que se propagan las noticias falsas encaja en la era de la “posverdad”. Este término fue elegido por el diccionario de Oxford como la palabra de 2016 y es un adjetivo que describe la situación en que “los hechos objetivos son menos influyentes en la conformación de la opinión pública que los que apelan a emociones y creencias personales”. Precisamente, los encargados del diccionario notaron este año un aumento del dos mil por ciento en el uso del término.

La posverdad no es un concepto sencillo, pero apunta a distinguir entre la verdad que muestra la realidad y la verdad sentida. Se emparenta con lo que el periodista y filósofo argentino Miguel Wiñazki llamó en un libro de 2004 “la noticia deseada”, que es aquella que la opinión pública elige creer con independencia de lo que digan los datos y especialistas. No es extraño, entonces, que este tipo de fenómenos se precipiten y expandan en momentos en que la confianza en las instituciones y en los “expertos” es baja y están desacreditados.

Andrew Smith explica que hoy este escenario se ve potenciado por la velocidad con la cual viaja la información, y, bajo su sombra, las “nociones tradicionales de verdad y falsedad se funden y permiten que cualquier cosa se diga con impunidad”. Beqa Latsabidze fue uno de los que se aprovechó de la web para propagar noticias falsas durante la campaña estadounidense. Lo hizo a través de varios sitios que publicaban artículos seductores para los partidarios de Trump, pero totalmente ficticios, como aquel que decía que Obama se mudaría a Canadá si ganaba el candidato republicano. Latsabidze dice que es un estudiante de informática de Georgia en Europa del Este y explica a Tendencias que siempre le impresionó que alguien creyera que sus artículos eran reales: “La gente está aburrida de los medios masivos y tradicionales, así que prefieren la sátira. A veces el humor es falso, pero al mismo tiempo es divertido”.

Inicialmente, Latsabidze elaboró un sitio con notas pro-Clinton, pero no clickeaban lo suficiente, así que apuntó a los partidarios de Trump que él veía como más emocionales, más “furiosos” y “ansiosos” de leer noticias escandalosas. Sólo le importaba ganar dinero a través de AdSense y para eso incluso creó una cuenta falsa de una atractiva mujer que promovía sus artículos en Facebook. Pero él no era el único: una investigación de BuzzFeed detectó más de 100 sitios pro-Trump controlados por adolescentes de un pequeño pueblo de la ex república yugoslava de Macedonia y que querían ganar dinero a costa de la credulidad y la molestia republicana.
José Miguel Piquer, investigador de la Universidad de Chile y uno de los pioneros que trajeron Internet al país, cree que el negocio de crear informaciones ficticias sólo para ganar dinero es “un serio peligro para el futuro de la humanidad. Debemos aprender a separar nuestras creencias y deseos de la brutal realidad y sus hechos, nos gusten o no. Los nazis demostraron que podían manejar las creencias de la gente e imponer su versión de la verdad en base a repetir con buena propaganda slogans falsos pero simples, sin Internet ni redes sociales”. El ingeniero comenta que las noticias falsas y campañas de desinformación no son ninguna novedad en la historia, pero agrega que las redes sociales amplifican este fenómeno, ya que “nuestro cerebro adora la información repetida por mucha gente” y le asigna credibilidad sólo por verla una y otra vez.

Para varios expertos, parte de la culpa de este reforzamiento de los prejuicios yace en los algoritmos de Facebook. Estas fórmulas analizan miles de factores, como el tiempo que pasa una persona explorando una noticia y su historial de clics, con el fin de establecer qué contenidos despliega de manera más destacada. Katharine Viner, editora en jefe de The Guardian, escribió en julio una columna llamada “Cómo la tecnología quebrantó la verdad”, en la que plantea que esos algoritmos están “diseñados para darnos más de lo que ellos piensan que queremos, lo que hace que la versión del mundo que vemos todos los días en nuestro timeline ha sido curada de manera invisible para reforzar nuestras propias creencias”.

La periodista agrega que este mecanismo refuerza nuestra “burbuja virtual”, un término creado en 2011 por Eli Pariser, fundador del sitio Upworthy. El concepto no alude sólo a Facebook sino que también al sistema de búsquedas personalizadas de Google, el cual entrega resultados cuidadosamente armados para cada usuario y que se basan no sólo en la relevancia de cada sitio, sino que en factores como el historial de páginas visitadas. Según Viner, eso hace que “nos expongamos menos a información que desafía nuestra visión del mundo y que estemos menos expuestos a hallar hechos que desmienten la información que otros comparten”.

De hecho, un estudio de la Universidad de Indiana, en Estados Unidos, estableció que pueden pasar hasta 13 horas entre la publicación de un reporte falso en internet y la aparición de los primeros desmentidos. Tiempo suficiente para que una historia sea leída, creída y compartida millones de veces, un proceso que también es visto como un rechazo al establishment. Sebastián Valenzuela, profesor de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica y experto en redes sociales, señala que hoy existe una pérdida de confianza en las fuentes que “históricamente establecían lo que denominamos verdad, ya sean los medios profesionales de comunicación o la ciencia. Se ha roto el consenso de que el trabajo que producen estas instituciones tiene que ser tomado como una evidencia, nos guste o no”.

Melissa Zimdars, doctora en estudios de la comunicación y profesora del Merrimack College, en Estados Unidos, elaboró una lista de indicios que se volvió viral y que incluye recomendaciones como fijarse si la historia proviene de sitios alojados en dominios inusuales como .su o .co, como ocurre con la página Abcnews.com.co. En tanto, Alexios Mantzarlis, director de la Red Internacional de Chequeo de Datos del Instituto Poynter, indicó a CNN que lo más efectivo es ir más allá de los titulares, porque en Facebook la gente sólo se queda con eso y realmente no lee los contenidos.

Otras herramientas útiles son sitios como Snopes.com, Politifact.com y Fact Checker de Washington Post (www.washingtonpost.com/news/fact-checker) que se dedican a verificar informaciones. Además, la Universidad de Indiana ya elabora un software llamado Hoaxy, nombre que se deriva del inglés “hoax”(farsa). El programa será lanzado pronto y será capaz de identificar, por ejemplo, qué usuarios de Twitter esparcen informaciones falsas y cotejará artículos con las verificaciones de portales como Snopes.com. “Nos gustaría darles a los periodistas y al público en general una herramienta para explorar las aseveraciones que circulan por la web, de manera que puedan cerciorarse de que son ciertas. El programa permitirá que los usuarios vean cómo se difunden los contenidos y los patrones que siguen”, explica a Tendencias Giovanni Luca Ciampaglia, experto en redes complejas de Indiana e investigador del proyecto.

La era de las noticias falsas

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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