¿Por qué celebramos el Año Nuevo el día 1 de enero? La historia del calendario gregoriano

Hace un par de noches se produjo la primera gran efeméride de nuestro 2018: la recepción del nuevo año. En todo el mundo se celebraron fiestas por todo lo alto para recibirlo, buscando entrar en él de la mejor manera posible, con escenas que se repitieron en gran parte de las grandes capitales mundiales. Pero ahora hago a los lectores una serie de preguntas. ¿Por qué es 2018? ¿Quién decidió que así fuera? ¿Cómo se contaba el tiempo antes?

Muchas preguntas que iremos contestando en la medida de lo posible en estos párrafos, queridos amigos. Como aclaración, diré que me referiré a los grandes antecedentes y sistemas de cómputo adoptados en occidente, pues existen muchos ejemplos más a lo largo del globo. Dicho ésto, podemos comenzar. Obviamente, debemos empezar por el principio. ¿De dónde vino la idea del calendario? Como invento no tiene igual, ya que nos permite organizar el tiempo, sobre todo desde el punto de vista de una sociedad organizada y desarrollada. La administración, la economía o la religión son algunos de los aspectos fundamentales que se organizan mediante un calendario. Muchos atribuyen a los egipcios el desarrollo del sistema de cómputo anual que luego sería modificado hasta llegar a nuestros días, y están en lo cierto, aunque solo a medias. No es el egipcio el calendario más antiguo del mundo, pues otros tienen el honor de haber creado otros bastante antes.

La bula Inter Gravvisimas de 1582, donde se estableció el nuevo cómputo.

Antecedentes

Hasta hace escasos años – concretamente hasta 2013 – se pensaba que los calendarios más antiguos del mundo eran de origen mesopotámico, teniendo una antigüedad de unos 5.000 años aproximadamente. Eso cambió drásticamente tras el hallazgo de varios investigadores de la Universidad de Birmingham en un monumento situado en Aberdeenshire (Escocia) elaborado al parecer para un grupo de cazadores-recolectores, que de esa manera pudieron seguir el ciclo lunar y el paso de las estaciones. También se alinea con la salida del Sol del solsticio de invierno, manteniendo así el vínculo entre el año solar, las estaciones y el ciclo de la Luna. ¿Cuál es su antigüedad? Nada más y nada menos que entre 8.000 y 10.000 años.

Volviendo ahora a los egipcios, se piensa que ya usaban sistemas de medición del tiempo hace 5.000 años. En sus inicios se hacía uso del ciclo lunar, para luego inventar el calendario solar. Los más antiguos dividían el año en doce meses, dependiendo la duración de éstos del ciclo lunar correspondiente, que solía ser de unos veintinueve o treinta días. El mes comenzaba con la Luna nueva, y su nombre se relacionaba con el festival más importante que se celebrara en él. Cuando ambos calendarios – lunar y solar, se entiende – comenzaron a convivir, los egipcios se dieron cuenta de que el primero era unos diez u once días más corto, añadiendo cada pocos años un mes extra, el número trece, para ajustar el nuevo calendario con las estaciones agrícolas y los festejos religiosos. No debemos confundir este fenómeno con el de los años bisiestos que conocemos hoy, ya que su cuenta solar perdía un cuarto de año cada siglo, perdiendo su posición correcta, que solo volvía al punto de partida cada 1461 años solares egipcios. A ésto se le denominó el ciclo sótico, fenómeno que trató de corregirse en el siglo III a. C. Ptolomeo III fue quien intentó ajustarlo con su Decreto Canopo, añadiendo un sexto día epagómeno al final del año solar. ¿Con qué fin? Pues ya que estaba, se usó para honrar a la pareja real como dioses. La cosa no funcionó, pues los sacerdotes se resistieron. La solución fue crear un día bisiesto al año solar tras la conquista romana en el año 30 a. C.

Los calendarios romano y juliano

Aquí, como en tantos otros momentos de la Historia, debemos mezclar tradición y acontecimientos reales, pues desconocemos ciertamente dónde se traza la línea que divide ambos. Se conoce bastante sobre la creación de Roma – si queréis saber más, os dejo aquí el enlace que os llevará a un artículo escrito por mí el año pasado hablando sobre el asunto. Está alojado en la sección de Historia de Vavel.com. https://www.vavel.com/es/historia/819583-roma-los-origenes-legendarios-de-la-ciudad-estado-que-acabaria-forjando-un-imperio.html –, a pesar de que la leyenda también juega un importante papel en ella. Varias ciudades usaban calendarios lunares diferentes, hasta que llegó el gran Rómulo para cambiarlo todo. Su invención contemplaba diez meses lunares, de marzo a diciembre. Entre éste último y el inicio de año no había mes, ya que no había labores agrícolas o actividad militar. Así, contamos un año de 304 días o diez meses lunares. ¿Para qué se usaba ese “tiempo muerto”? Sobre todo a la ritualística, buscando purificarse de cara al nuevo ciclo.

Posteriormente llegaría la reforma de Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, quien modificó la duración de los meses para que pasasen a tener 29 ó 31 días alternativamente. Realmente, la modificación se produjo en época etrusca – hacia los siglos VII y VI a. C. – pero a los romanos les gustaba atribuir estas gestas a sus héroes fundacionales. Además de lo anterior, Numa acabó con el “tiempo muerto” añadiendo los meses de enero y febrero. Ésto ocurrió más o menos a mediados del siglo II a. C. En ese momento contaban con años de 355 días: febrero con 28; marzo, mayo, julio y octubre con 31 y el resto con 29. Ésto tampoco arregló el desfase entre ciclo lunar y solar, lo que llevó a los romanos a añadir en períodos de cuatro años un par de meses extra: los mercedonios o intercalares, con 22 y 23 días de duración.

Julio César, en cuyo honor se concibió el calendario juliano.

Llegamos así al año 46 a. C., donde Julio César estableció su nuevo calendario: el juliano. Entró en vigor al año siguiente – el 709 ab Urbe condita, o lo que es lo mismo, desde la fundación de Roma – para convertirse en el más usado en buena parte del mundo occidental y de las posteriores colonias americanas hasta que llegó el calendario gregoriano. Desde el punto de vista astronómico, este sistema se adelanta un día cada 128 años al año trópico, lo que equivale a once minutos y catorce segundos de exceso cada año. El año regular era de 365 días divididos en doce meses. Había un día bisiesto en febrero cada cuatro años. De esta forma, el calendario juliano perdía unos tres días cada cuatro siglos en comparación con los equinoccios observados en el paso de las estaciones.

Fue Sosígenes de Alejandría quien, conociendo la fallida reforma de Ptolomeo III, colaboró con Julio César para adoptar el nuevo sistema. El primer nombre que recibió fue, como pueden imaginar, Julius. Como curiosidad, el año 46 a. C. tuvo un total de 445 días, con dos meses adicionales exclusivos, para corregir los desfases provocados por el sistema anterior. Tuvo un nombre propio: el último año de la confusión. Llegamos así hasta el silo XVI, cuando se decidió dar un nuevo giro de tuerca a la cuestión, de manos de dos personas: Gregorio XIII y Luís Lillio.

El artífice del calendario moderno

El año 1510 vio nacer a Luís Lillio – o Luigi, como prefiráis llamarlo – en lo que ahora se conoce como Cirò, en la suela de la bota italiana. Como suele ser habitual, tanto con él como con otros grandes personajes y muchos más anónimos, se desconoce su fecha exacta de nacimiento. Cosas de la Historia. Pasamos por ella y la gran mayoría somos olvidados con el paso del tiempo (aunque la nueva tecnología quiera remediarlo con vanas promesas de conservar nuestra “memoria digital”). ¿Qué sabemos de él? Me temo que poco, aparte de que era médico y que se marchó a Roma por motivos desconocidos. Se conservan dos menciones sobre él. Una en la carta que mandó a Giano Teseo Casopero en 1532 para animarle con seguir con sus estudios y la otra en otra carta que mandó en 1552 el cardenal Cervini y cuyo destinatario era un colega de Perugia al que pedía un aumento para “messer Aluigi Gigli”.

Gregorio XIII, gran impulsor del nuevo sistema que ajustaba la Pascua y demás fiestas litúrgicas.

Cosas de la vida, a nuestro amigo Luís se le ocurrió algo que haría que su nombre perdurara a los avatares de la Historia: crear un nuevo sistema anual. El Vaticano sufría serios quebraderos de cabeza para ajustar sus fiestas en el calendario juliano. Lo que más le molestaba era no poder celebrar la Pascua en el primer domingo tras el plenilunio que seguía al equinoccio. ¿Por qué? Veamos. Había que llevar a la práctica un acuerdo adoptado por la Iglesia en el Concilio de Trento: ajustar el calendario para eliminar el desfase producido en el Concilio de Nicea de 325, donde se fijó el momento astral donde celebrar la Pascua y las demás festividades cristianas basadas en ella. Así que, sin saber muy bien cómo, cuándo ni por qué, Lillio se puso a escribir un tratado donde proponía algo revolucionario en ese entonces: eliminar algunos años bisiestos y suprimir de la Historia un total de diez días. La cosa pareció gustar en las altas esferas de Roma, pues el 5 de octubre de 1582 pasó a ser, en un instante, el 15 del mismo mes.

Es una pena que Lillio no viera culminada su obra. Ya estaba muerto cuando Ugo Boncompagni – conocido como Gregorio XIII – impulsó el sistema que llevaría su nombre: el calendario gregoriano. La reforma se produjo el 24 de febrero de 1582, bajo el nombre de bula Inter Gravissimas. Por supuesto, nuestra católica España fue de los primeros países en adoptar el sistema ese mismo año, pero no ocurrió lo mismo con otros, donde se instaló progresivamente. Por ejemplo, Gran Bretaña y sus colonias americanas no lo hicieron hasta 1752. Aun así, el resto ya lo sabemos: el año comienza el 1 de enero y acaba el 31 de diciembre, a pesar de haber eliminado diez días de un mes de octubre y algunos años bisiestos. Todo sea por unos festejos religiosos claritos y por el buen funcionamiento de la Iglesia, que tanta confusión ya empezaba a cansar

El sistema no es perfecto, y ha tratado de ser reformado en varias ocasiones, pero sigue rigiendo nuestras vidas desde entonces. Lillio lo concibió y Gregorio XIII lo ejecutó. Ahora solo está por ver si alguien lo supera y lo elimina. Por el camino han quedado muchos: el budista, el hebreo o el maya, solo por citar algunos de los más famosos. Por supuesto que el tema daría para mucho más y que tiene muchas más implicaciones sin explorar, pero he querido esbozar un esquema fundamental de la cuestión, a fin de que resulte lo menos confuso posible. Espero que estos párrafos ayuden a esclarecer un poco el panorama que damos por hecho pero del que muchos no saben apenas nada.

Fuentes:

  • http://www.bbc.com/news/uk-scotland-north-east-orkney-shetland-23286928
  • http://www.birminghampost.co.uk/news/lunar-calendar-aberdeenshire-leads-rethink-5681415
  • https://www.britannica.com/science/Egyptian-calendar
  • http://www.ancient-egypt-online.com/ancient-egyptian-calendar.html
  • https://www.vavel.com/es/historia/819583-roma-los-origenes-legendarios-de-la-ciudad-estado-que-acabaria-forjando-un-imperio.html
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Calendario_romano

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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