Origen natural vs origen espacial: dos versiones sobre el origen del SARS-CoV-2

Esta teoría en realidad no es nueva, ya que el propio Wickramasinghe coescribió junto al astrónomo británico Fred Hoyle en la década de los setenta la obra Enfermedades del espacio, donde llegan a asegurar que incluso la gripe vino de más allá de nuestro planeta. Sin embargo, la comunidad científica lleva años echando abajo los argumentos de Wickramasinghe sobre que cualquier enfermedad de este tipo podría tener orígenes extraterrestres.

«No tendría precedentes descubrir que un virus podría sobrevivir a la radiación a la que estaría expuesto en un viaje tan largo por el espacio y aún así poder infectar a los humanos después de aterrizar», afirma a Space.com el astrobiólogo Graham Lau, quien presenta la serie «Ask an Astrobiologist» («Pregunta a un astrobiólogo» en español) de la NASA.

Sin embargo, aunque sería un hallazgo único e increíble, en realidad Wickramasinghe no ha presentado evidencias sólidas para apoyar tales afirmaciones, señala Lau. «Aunque es una idea interesante, no tenemos ninguna razón para aceptar esa idea en este momento».

La afirmación de Wickramasinghe se relaciona con la teoría de la panspermia, una teoría que surgió a finales del siglo XIX plantea que la vida en la Tierra se originó con la ayuda de microorganismos y material biológico del espacio exterior. Y, en teoría esto podría haber sucedido, pero los científicos aún no han encontrado ninguna prueba. La hipótesis afirma que los materiales podrían sobrevivir en una roca espacial, en una especie de letargo y protegidos de la radiación en el interior de meteoritos y cometas hasta llegar a la Tierra y emerger.

Esta teoría es solo una más en la lista. La actual epidemia ha sido el centro de una agria polémica que se sigue centrando en determinar si hay algo de cierto en las diversas hipótesis que se han esgrimido en torno a su origen. Un arma biológica, una epidemia bíblica o un patógeno espacial. Ejemplos que ilustran hasta qué punto la paranoia colectiva es capaz de aupar cualquier opinión llamativa.

Por suerte, también hay personas trabajando a contrarreloj para sacar algo en claro de todo el asunto. un nuevo estudio parece poner sentido común y señala al sospechoso más probable: la naturaleza.

Los responsables de este nuevo estudio publicado en Nature han analizado el genoma secuenciado del SARS-CoV-2 con especial atención a sus receptores proteínicos. Son las “espinas” de su cubierta que el organismo usa para ligarse a la proteína de la membrana celular ACE2 que principalmente se encuentra en los pulmones. Los Coronavirus son una gran familia de virus que conocemos desde hace tiempo. Algunos afectan a los seres humanos, otros no. La cuestión es que esas espinas que el SARS-CoV-2 usa para adherirse a la ACE2 son tan sofisticadas que sería imposible desarrollarlas en laboratorio. Solo hay un ingeniero genético en el mundo con la suficiente habilidad como para crear esa desafortunada obra de arte: la madre naturaleza.

La estructura del nuevo virus proviene de otras variantes que ya conocemos de animales como los pangolines o los murciélagos que no eran infecciosas en origen.

Desechada la idea de la conspiración, el problema sigue siendo el mismo. ¿Cómo se convirtió el Coronavirus en un patógeno tan infeccioso para el ser humano? La respuesta a esta pregunta es crucial para luchar contra la pandemia y lo único que hemos podido lograr hasta ahora es reducir la respuesta a dos posibles escenarios en función de cuándo y cómo adquirió el virus la habilidad de infectar seres humanos.

En el primer escenario, el virus desarrolló sus receptores para las células humanas antes de entrar en contacto con ningún ser humano. No es algo tan raro. Tanto el coronavirus responsable del SARS como el del MERS se desarrollaron de esta forma y saltaron a los seres humanos desde las civetas y los camellos. El animal que se cree que ha sido el vector en el caso del SARS-CoV-2 es el murciélago, pero no existen pruebas de transmisión directa de murciélagos a seres humanos. No, esa foto o ese vídeo que has visto de una estomagante sopa de murciélago no es la causa de la epidemia. Es solo un meme viral más para alimentar el racismo y, de hecho, ni siquiera proviene de China, sino de la isla de Palau, en el Pacífico.

En el segundo escenario, el virus entró en el ser humano siendo inofensivo, y tras un tiempo en este nuevo huésped desarrolló los receptores que lo convirtieron en un patógeno peligroso. En este caso, el origen del SARS-CoV-2 sería similar al de la gripe aviar y su procedencia podría estar directamente relacionada con los pangolines, o haber pasado de ese animal al ser humano a través de un intermediario como las civetas o los turones.

¿Por qué este detalle es importante? Pues porque supone la diferencia entre sufrir nuevos brotes de COVID-19 en el futuro o no. Si el patógeno evolucionó dentro del ser humano como sugiere el segundo escenario significa que si ahora lo controlamos las posibilidades de que vuelva a aparecer son muy limitadas. Sin embargo, si el escenario cierto es el primero, el patógeno sigue ahí fuera, en algún animal salvaje, y es solo cuestión de tiempo que pueda volver a aparecer, quizá incluso en una versión más virulenta.

De momento es imposible saber cuál de los dos escenarios es el bueno con la información de que disponemos. De hecho, y pese a todos los esfuerzos, aún no hemos sido capaces de encontrar al paciente cero de la pandemia.

https://www.nature.com/articles/s41591-020-0820-9

https://www.space.com/coronavirus-not-from-outer-space.html

https://medicalxpress.com/news/2020-03-covid-coronavirus-epidemic-natural-scientists.html

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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