La leyenda de Lovecraft: el monstruo literario por delante de la persona

Desde su muerte en 1937, existen dos versiones de la misma persona: el hombre y el “monstruo”. En la foto se muestra a Lovecraft en 1915. Fuente: Public Domain.

Hablar de Howard Phillips Lovecraft suele ser sinónimo de hacerlo sobre los célebres Mitos de Cthulhu, pero también de una persona extraña, solitaria, clasista, racista e incapaz de amar. Una serie de características biográficas sesgadas, inculcadas durante las décadas que siguieron a su muerte. Esa especie de campaña de marketing convirtió al oriundo de Providence en un “monstruo literario”, más allá de su verdadera e incomprendida personalidad.

Que la obra de Lovecraft es una de las más influyentes en la mente colectiva a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI es algo que cualquier aficionado al terror o a la literatura en general puede confirmar fácilmente. Todo lo que huele a lovecraftiano suele convertirse en un producto bien vendido. Seres terribles procedentes del espacio profundo, libros prohibidos, cultos sombríos e investigadores que se adentran en un enigma para ir perdiendo la razón poco a poco conforme se adentra en las diferentes tramas. Una serie de ingredientes bastante bien definidos y que se repiten cada poco tiempo tanto en libros como en el cine, dando el salto lógico a los videojuegos. Para qué negarlo, hay mucho de lovecraftiano en estos días, como muestra de forma magistral Carlos G. Gurpegui en El soñador de Providence, una obra que aúna dos de las pasiones del autor: el mundo del videojuego y el estudio tanto de la biografía como de la obra de Lovecraft.

La vida del norteamericano y su legado han sido tratados por varios autores desde su muerte en 1937, y su influencia puede notarse en autores de renombre como Alan Moore y Neil Gaiman, tan de moda en el presente. ¿Cuántas recopilaciones sobre la figura de Cthulhu hay en las librerías? Pocas veces – por no hablar de un caso prácticamente único – un autor ha creado tantos imitadores como Howard. Incluso el propio autor se ha visto convertido en personaje de sus propias aventuras de investigación, oscuras y propias del mundo onírico. Ese ambiente tan weird que plasmó en sus obras ha salpicado a su propia persona, convirtiéndole en algo más de lo que era, algo extraño. Un ser que se aleja bastante del real, cosa que no fue culpa suya.

El monstruo construido por los biógrafos

Este pequeño artículo no tiene como objetivo citar cada fuente biográfica sobre el autor ni adentrarse en exceso en los argumentos a favor o en contra de su personalidad, pero así hacer un pequeño esbozo de lo que se ha escrito hasta ahora sobre Lovecraft y el conflicto subyacente que se ha generado por ello. El análisis de su obra y sus principales componentes tampoco aparecerán aquí, pues sería necesario un gran número de páginas para hacerlo y ya hay quienes han tratado magistralmente esa parcela. Lo que sí se trata de reflejar es el profundo contraste que se ha creado entre dos figuras complementarias, pero a la vez superpuestas y enfrentadas: el Lovecraft real y el “monstruo literario”, una especie de álter ego creado por algunos de sus seguidores y aficionados a su obra.

La información parcial sobre la vida de Lovecraft se convierte en un impedimento para conocer sus motivaciones y su verdadero carácter. La situación se agudiza aun más si nos ceñimos a los trabajos en torno a su persona que se han editado en castellano. Como bien señala Carlos G. Gurpegui, solo unos pequeños reductos académicos han podido llegar a la base del asunto. De todos es conocida la iconografía popular en torno al autor, todas esas características que aparecen al principio del artículo y que no le hacen justicia – no al menos totalmente –. Ese aura de desgracia y extrañeza, que solo se subsanaba si se encontraba escondido en su Providence natal, no corresponde al H.P. Lovecraft real, y se puede contrastar acudiendo a algunos estudios biográficos sobre el autor, que han escudriñado sus obras y la gran cantidad de correspondencia – al parecer era incapaz de dejar ni una sola carta recibida sin responder, y fueron muchísimas – que dejó tras de sí. Pero el daño estaba hecho, en la mente colectiva pesa mucho más el escritor solitario y reprimido que el hombre que realmente fue. La siguiente frase lo resume a la perfección:

«Los americanos quisieron explicar los monstruos de Lovecraft haciendo de este un monstruo».

Lo dicho por Maurice Lévy, citado por Gurpegui, es simple pero totalmente efectivo. Y lo peor es que esa máscara literaria comenzó poco después de su muerte y proviene de algunos de sus más cercanos seguidores. Lovecraft murió el 15 de marzo de 1937, y solo dos años después se funda la editorial Arkham House para distribuir su obra, que hasta aquellos momentos no se vendían de forma unificada y habían aparecido en publicaciones como la revista Weird Tales, una publicación pulp que llegaba a un número reducido de lectores. Los fundadores eran August Derleth y Donald Wandrei, dos de los miembros del conocido como el “círculo de Lovecraft”, autores que, como él, trataban de sacar adelante relatos de terror y fantasía. Precisamente el primero de ellos publicó en 1945 H.P.L.: A Memoir, texto que ciertamente se queda corto al explicar la vida y obra del autor, en parte por la falta de información en torno a él, lo que no impidió que Derleth se erigiera en una especie de albacea literario que explotaba – y ampliaba hasta límites insospechados – lo creado por su antiguo colega.

Posteriormente vino el ataque radical a una de las facetas más oscuras del autor, su racismo. Esa faceta fue explotada por James Warren Thomas en una tesis que llevó el nombre de Howard Phillips Lovecraft: A Self-Portrait, y que apareció en 1950 en la Universidad de Brown. Es cierto que el propio autor hizo declaraciones desafortunadas al respecto, y que obras como El horror de Red Hook hablan por sí solas de este matiz de su personalidad, pero esta tesis fue el punto de partida para explotar lo negativo en torno al autor y crear al monstruo que aun vive en nuestra imaginación.

El siguiente bloque de esta construcción lo puso Lin Carter en 1972 con Lovecraft: A Look Behind the Cthulhu Mythos, donde se continua la senda dibujada al principio por Derleth o, lo que es lo mismo, incompleta. Además, asienta muchas ideas erróneas sobre su obra, sobre todo la que tiene que ver con ese monstruo literario tantas veces reinterpretado y usado como Cthulhu. Luego llegaría el año 1975, que marcó la invención del monstruo literario por encima del hombre.

El carácter y la filosofía de Lovecraft: exageración y desconocimiento

 

El pequeño Lovecraft leía mucho gracias a las obras de las que disponían su abuelo y sus tías. Le fascinaba el mundo árabe y tenía pesadillas recurrentes que luego le inspiraron. En la foto, un Lovecraft de nueve años. Fuente: Public Domain.

 

El principal referente de ese año fue Lovecraft: A Biography, de L. Sprague de Camp, autor de ciencia ficción aficionado al escritor de Providence. A pesar de que el trabajo previo y la investigación en torno al estadounidense fue muy profunda, el resultado no hace sino acrecentar la leyenda del monstruo, al que se añade una especie de trasfondo trágico, con una madre – Sarah Susan Phillips – que le hacía la niñez imposible y le hizo convertirse en poco menos que un ser incapaz de amar, a pesar de haberse casado en 1924 con Sonia H. Greene, de la que se divorció solo dos años después. La vida íntima de Lovecraft es otra de esas características ampliamente debatidas, pues la versión popular dice que no encontraba nada placentero en la compañía carnal femenina, argumento que es negado en parte por la propia Sonia, quien aseguraba que su marido era un «adecuado amante». Sus memorias del corto matrimonio confirmaron que el poco cariño que destilaba el autor iba dirigido hacia sus tías, quienes le criaron tras la muerte de su madre, pero que no se negaba a mantener relaciones con ella, siempre y cuando ella lo propusiera. La asexualidad de Lovecraft, una de esas características principales de su mito, queda así apartada.

También se habla mucho de la inspiración posterior de sus obras. La misma comenzó cuando solo era un niño que tenía pesadillas y leía obras del mundo grecorromano y árabe, como cuando cayó en sus manos Las mil y una noches, con solo cinco años. Una de las ensoñaciones que sufría le marcó mucho y se repetía con asiduidad: su estómago era devorado por los Night-Gaunts, alimañas descarnadas, a las que adaptó en 1927 en La búsqueda en sueños de la ignota Kadath. También fue muy influenciado por Edgar Allan Poe, algo así como el espejo al que mirarse.

Estos pequeños esbozos no aparecieron en las obras cruciales sobre su legado, como la citada de Sprague de Camp, que fueron leídas por el gran público y asentaron la visión popular sobre el incomprendido Howard. Un daño que aun no ha podido ser reparado a pesar de los diversos intentos que se han dado, incluso por algunos contemporáneos y amigos suyos, como Frank Belknap Long, que trató de hacerle justicia en ese mismo año de 1975 con Howard Phillips Lovecraft: Dreamer on the Nightside. Derleth – y sus Mitos, más que los propios de su colega – y su Arkham House fueron solo el principio de una creación que se resiste a desaparecer, y que es alimentada año tras año con obras imaginadas por seguidores acérrimos de la obra del escritor de Providence, quienes en cierta forma perpetúan el legado de la editorial que distribuyó y también reinterpretó y continuó sus relatos.

Un mal que igualmente se ha traslado en numerosas ocasiones al séptimo arte y que ha tratado de ser subsanado por estudiosos como S.T. Joshi o W. Scott Poole, por no hablar del ya citado Carlos G. Gurpegui, que sigue la estela de otros seguidores de habla hispana como Roberto García Álvarez. Todos intentan desdibujar al monstruo para acercar a los focos al hombre, al verdadero caminante de los sueños.

Fuentes:

– http://www.hplovecraft.com/

– https://www.pulpmags.org/content/view/issues/weird-tales.html

– http://web.archive.org/web/20010617222956/www.gizmology.net/lovecraft/autobiography.htm

– http://jcolavito.tripod.com/lostcivilizations/id19.html

– http://www.hplovecraft.com/study/articles/mrblhd.pdf

– http://www.epberglund.com/RGttCM/nightscapes/NS04/hplnf3.htm

– http://www.hplovecraft.com/study/articles/hpl-sex.aspx

– G. Gurpegui, Carlos. El soñador de Providence: el legado literario de H.P. Lovecraft y su presencia en los videojuegos, Héroes de Papel, 2018.

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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