La crucifixión y la muerte de Jesús: el drama del sacrificio del rey sagrado

Cristo crucificado, obra de Diego Velázquez.

 

Llegado este momento del año, no es novedad que en los últimos años leamos alguna noticia o artículo que haga referencia a la Semana Santa y a Jesús, su eje central. Hoy, se pretende abordar un aspecto polémico sobre su historia: su tortura y muerte como elementos míticos repetidos a lo largo de la Historia.

La semana pasada se daba a conocer una nueva teoría que cuestionaba el lugar donde se produjo el juicio a Jesús. Como no podía ser de otra forma, estas fechas tan señaladas del calendario cristiano se prestan a esta clase de acontecimientos. En esta ocasión, ha sido el historiador israelí Shahar Siló quien ha señalado un nuevo lugar, que no es otro que el palacio de Herodes, cuyos cimientos forman parte actualmente del Museo de la Torre de David, adyacente a la muralla occidental de la vieja Jerusalén.

«Ahora que sabemos que el palacio está aquí, la pregunta es la siguiente: ¿Si el emperador de Roma llega por Pascua a Jerusalén dónde pasaría la noche?. Lo suyo sería que le ofrecieran una suite presidencial, lo que equivaldría al palacio del rey… Deberíamos repensar el lugar del juicio. Una vez que liberan a Barrabás como regalo de Pascua, está recogido en Marcos 15 que Pilato se dio la vuelta y regresó al palacio. Josefo menciona otros juicios anteriores celebrados en frente del palacio de Herodes por otros emperadores romanos, por lo que nos basamos en la combinación de arqueología, documentos históricos y literatura de las Escrituras Sagradas. Se trata de una posibilidad que como historiador yo apoyo. El palacio del rey Herodes es el lugar auténtico del juicio de Jesús, que creemos que sucedió históricamente seas o no un creyente de la Biblia.»

Estamos, como veis, ante otro ejemplo más de hipótesis heterodoxa con los dictados eclesiásticos, que hace unos seis siglos señalaron – a través de los franciscanos – a la Fortaleza Antonia como punto de partida de la conocida como Vía Dolorosa, que culmina en el Gólgota tras catorce estaciones. Aquí, sin embargo, toca centrarse en el sacrificio de Jesús, eso que ya en la década de los cuarenta del siglo XX definió Édouard Dujardin como ritual del chivo expiatorio en Ancient History of the God Jesus:

«Los pecados de la comunidad se restituyen mágicamente en la persona del dios, al asesinar a dios uno queda libre de los pecados, y el dios vuelve a la vida libre de los pecadosEl dios es rey ungido y sumo sacerdote. Se le conduce en una procesión, vestido con el manto de púrpura, con una corona, y con un cetro en las manos. Se le adora, después se le arrancan sus distintivos, luego sus ropas y es azotado, siendo el flagelo una característica de todos sus ritos análogos. Es asesinado y la sangre salpicada sobre las cabezas de los creyentes. Después se le fija a la cruz. Las mujeres lamentan la muerte de su dios…»

Los ejemplos de la sospecha

¿Quiere esto decir que la Pasión fue solo un recurso simbólico insertado en el texto de manera premeditada? Sabemos que la pena de muerte mediante este método no era extraña dentro del contexto de la dominación romana. A pesar de que los Evangelios muestran un interés de las autoridades judías en silenciar al hombre que consideraban una amenaza, desde el punto de vista histórico también resulta bastante posible que Roma no estuviera cómoda ante el poder de convocatoria de Jesús. No era el primer predicador que reunía en torno a sí mismo un grupo más o menos numeroso, ni sería el último. Por ello, debemos entender que su condena pudo deberse asimismo en parte a un delito de sumisión contra los dominadores. Aunque, eso sí, parece existir una parte simbólica en todo este asunto, ya que el ritual del chivo expiatorio no era nada nuevo. James Frazer, en su célebre libro La Rama Dorada, señalaba que era costumbre de los pueblos semitas de Asia occidental el sacrificio ritual de los hijos de los reyes para conjurar peligros nacionales.

Además de lo anterior, debemos tener en cuenta el asunto de la asimilación o el sincretismo religioso. La Pasión tiene bastante parecido con otras fiestas populares, como las Saturnales, el festival de Cronos griego o los Sacaea babilonios. Dorothy Milne Murdock – cuyo seudónimo literario era Acharya S. – enumeró en La conspiración de Cristo, en referencia a una tablilla de cuatro mil años que se encuentra en el Museo Británico, los pasos que siguió el juicio y la condena del dios Baal, que ocurrió como sigue: Baal fue hecho prisionero y se le juzgó en un tribunal; fue torturado y ridiculizado para ser llevado luego a un monte, donde se le coloca junto a otros dos prisioneros, siendo liberado uno de ellos; el dios es sacrificado mientras la gente crea alborotos; la ropa de Baal desaparece; tras ser enterrado desaparece de su tumba, que es visitada por un grupo de mujeres; finalmente, vuelve de entre los muertos tras ser retirada la piedra que tapaba su tumba ya vacía.

Si estas similitudes no han levantado las suspicacias de los lectores/as, quizá deban saber que el ritual del chivo expiatorio se relaciona con la fertilidad. Cuando Dujardin decía que la sangre del sacrificado rociaba las cabezas de los creyentes, quería hacer mención a un ritual fertilizador, garante de la continuidad de la vida de la comunidad a la que el rey sagrado de cada caso concreto quería proteger o expiar de sus pecados. Los defensores de la vida de Jesús como mito se agarran a otros ejemplos presentes en la propia Biblia, como el ritual de Éxodo 24, 8 en el que Moisés arroja sobre el pueblo sangre de bueyes para sellar su Alianza con el Señor.

Cristo crucificado, de Simon Vouet.

La crucifixión simbólica

Otro asunto espinoso es el escenario de la crucifixión, el Gólgota o Calvario, “lugar de las calaveras al descubierto”. Según T. W. Doane, la palabra Gólgota no aparece en la literatura judía, por lo que duda severamente de que este lugar verdaderamente estuviera cerca de Jerusalén. De hecho, son varios los autores que ven posible que la muerte de Jesús tuviera lugar en un Gilgal, un lugar elevado de Canaán, un antiguo crómlech usados como lugares de culto mucho antes del siglo I de nuestra era. Milne Murdock fue un poco más lejos cuando señaló que en el mito solar mexicano, Quetzalcoátl fue crucificado en un “lugar de las calaveras”. ¿Para qué se escribieron entonces todas las escenas de la Pasión que relatan los Evangelios? Según esta autora, para escenificar – una vez más, pues ya había ocurrido muchas veces a lo ancho y largo del mundo en culturas de todo tipo – el drama del rey sagrado. De esta forma, estos defensores del mito no hablan de una ejecución judicial – que también lo fue –, sino de un ritual, introducido por la Iglesia primitiva como doctrina que sirve de base a la creencia en la redención bajo la forma de la muerte del Hijo de Dios.

Desde el punto de vista astrológico – una de las vertientes bíblicas más incómodas para las autoridades religiosas – la crucifixión es un cruce del Sol a través de los equinoccios. Si fue así, ¿por qué hay varias versiones de la misma en el Nuevo Testamento? Sencillo, pues la clave está, siempre según estos autores, en la figura de María, la madre de Jesús. Si ella no aparece en el relato, hablamos del equinoccio vernal, cuando Virgo está ausente. En cambio, si hace acto de presencia hablamos del otoñal, la constelación está ahí. ¿No hay pistas más que evidentes de que María no es más que la última representante del culto a la Diosa Madre? Un detalle más: a los pies de la cruz hay tres Marías – María Magdalena, María Salomé y la mencionada madre de Cristo –, que no serían más que las tres Moiras o diosas del destino griegas, o las tres Marías de la crucifixión del egipcio Horus.

Aun hay un último tema que señalar en este pequeño texto, y tiene que ver con las palabras que Marcos pone en boca de Jesús en su capítulo 15, versículo 24: «Mi El, mi El, ¿por qué me has abandonado?» Pues bien, siguiendo con el drama sagrado encontramos un paralelismo muy fuerte con la muerte de Aleyin, hijo de Ball y de la Virgen Anat, gemela de la diosa Mari y adorada por sirios o hebreos, entre otros. Aleyin era considerado el Cordero de Dios, y dijo, según el mito, estar listo para ser sacrificado. Baal cumplió, pero Aleyin – o Mot, como también se le conoce – fue resucitado por su madre, solo para volver a morir a manos de ella misma. De paso, le dijo que había sido abandonado por su padre celestial, que no era otro que El, el mismo El que aparece primero en el Antiguo Testamento y luego en las primeras versiones de Marcos que se obtuvieron, siendo transformadas luego en la fórmula que conocemos todos hoy en día: «Padre, ¿por qué me has abandonado?»

Estamos, por tanto, ante un problema con múltiples aristas y con mucho más contenido. Estos párrafos solo han pretendido ofrecer una pequeña introducción a la versión mítica del drama de la Pasión. No por ello se pretende mostrar que todo lo contenido sobre este evento en el Nuevo Testamento sea falso, ni mucho menos que la vida de Jesús solo es una historia ficticia. Por supuesto que hay muchos acontecimientos introducidos adrede en su biografía, incluyendo todo lo concerniente al sacrificio sagrado, pero es bajo esos estratos de invenciones y asimilaciones con otros dioses anteriores y contemporáneos al Hijo de Dios bíblico donde hay que buscar al verdadero hombre que inspiró la que es considerada “la historia más grande jamás contada”.

Fuentes:

– Frazer, James. La Rama Dorada, Fondo de Cultura Económica, 2011.

– Hani, Jean. La realeza sagrada, del faraón al cristianísimo rey, Jose J. De Olañeta, 1998.

– Milne Murdock, Dorothy. La conspiración de Cristo, Valdemar, 2012.

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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