Hoyle vs Lemaître: el Estado Estacionario contra el Big Bang

Universum, Grabado Flammarion, xilografía, publicada en París 1888. Fuente: Public Domain.

El mundo de la Ciencia no está exento de polémicas entre colegas de profesión. Las ideas religiosas son una de esas aristas que hacen enfrentarse a algunos de estos genios entre ellos. Uno de los casos más célebres fue el protagonizado por Fred Hoyle y Georges Lemaître, además considerado el padre del Big Bang, y de la expansión del Universo expuesta en la ley de Hubble, quizá próximamente renombrada en su honor.

El origen del Universo sigue siendo un misterio sin revelar, aunque sabemos perfectamente que hay dos bandos enfrentados sobre esta cuestión: quienes defienden que todo fue fruto de la mera casualidad y que mecanismos perfectamente naturales – aunque aun inexplicables en algunos puntos – dieron origen a todo lo conocido y, por el contrario, arguyen que todo está basado en un “diseño inteligente”. Con todos los matices posibles, incluso con versiones muy parecidas entre sí, esta polémica lleva presente entre nosotros desde hace muchos siglos, y no parece que vaya a resolverse a corto plazo.

La división entre “accidente”, proceso natural o elementos diseñados es muy fina. El problema fundamental sigue siendo el uso de conceptos asociados a la religiosidad, que lleva a reacciones extremas y opuestas. Prejuicio para unos y ejercicio de responsabilidad científica para otros.

En el siglo XX se ha echado más leña al fuego de manos de nuevos avances que han sido interpretados de diferentes formas. Como pequeño ejemplo, esto dijo Bernard Carr, eminente matemático y astrónomo, sobre el principio antrópico, modelo cósmico centrado en el ser humano y que hace que la aparición del mismo sea compatible:

Existe una cantidad de coincidencias improbables entre un número enorme de magnitudes que son, en apariencia, totalmente independientes; además, estas coincidencias parecen ser esenciales para la existencia de observadores hechos de carbono en el universo.

Carr hace alusión al diseño inteligente, una teoría que es ampliamente negada por el estamento científico, pero que cuenta con no pocos apoyos. Aunque no era ni es la intención de Carr demostrar que existe Dios en el sentido religioso de la palabra, estos y otros indicios son relacionados con esos conceptos. Dios creador, inteligencia cósmica, Observador Final o cualquier otro nombre que se le quiera dar. El principio antrópico parece demostrar que el universo fue creado para permitir la vida inteligente, sea o no la especie humana el único exponente.

La clave estaría en el carbono. Desde mediados del siglo XX se sabe cómo se forma, pero no cómo funciona exactamente el proceso. Los núcleos de tres átomos de helio se unen para formar el carbono. El problema viene cuando dos de ellos se fusionan y se forma un átomo de berilio, muy inestable, y que sobrevive muy poco tiempo. Esto lleva a que la aparición del carbono fuera altamente improbable, y que de hecho fuera un elemento poco frecuente. Pero resulta ser todo lo contrario, pues este elemento es abundante en el universo. Entonces, ¿en qué queda el asunto? ¿Una secuencia de hechos fortuitos pero explicables o un diseño tan complejo que no es posible de comprender? Es aquí donde entra en juego el polémico Fred Hoyle, el célebre astrónomo británico.

El heterodoxo y escéptico Hoyle

 

Estatua dedicada a Fred Hoyle en el Institute of Theoretical Astronomy. Fuente: Creative Commons.

Si por algo se caracterizó este genio fue por su empecinamiento en ir contracorriente. Catedrático, investigador y autor de ciencia ficción, Hoyle fue el azote de las teorías establecidas durante sus años de vida. Entre sus defensas más controvertidas está la de la panspermia, que sigue de actualidad en el presente. La elaboró junto a su colaborador Chandra Wickramansinghe, y se apoyó en la idea de que fueron los cometas quienes extendieron la vida. Otra fuerte controversia que se centra en este dúo fue la del origen extraterrestre de enfermedades como la polio o la gripe española de 1918, que atribuyen a virus provenientes de otros lugares del cosmos y que eran trasportados por cometas.

Pero en el asunto que nos ocupa aludió a la resonancia, un aspecto de la teoría cuántica. Esta resonancia permitiría que el berilio extendiese su vida para unirse con otro núcleo de helio y formar el carbono. Un equipo estadounidense del Instituto de Tecnología de California (Caltech) – en su momento, el único capaz de hacer experimentos de este tipo – probó esta predicción y la apoyó. Hoyle midió la energía necesaria para que la resonancia surtiera efecto, y no erró. El “pico” de energía era conocido como proceso triple alfa, que debía ser extraordinariamente preciso, pues solo un uno por ciento arriba o abajo haría imposible el proceso de creación del carbono, lo que haría inviable la aparición de vida. Hoyle lo definió como un “chanchullo”, pues todos los elementos dependen de este proceso. Helio-berilio-carbono-oxígeno-neón… La secuencia debe seguir para que sea posible la vida y la formación de todo cuanto observamos.

Si fuera un problema puramente científico que no colindara con un problema religioso, no creo que ningún científico que analizara las pruebas no llegara a la conclusión de que las leyes de la física nuclear se han diseñado deliberadamente teniendo en cuenta las consecuencias que provocarían en el interior de las estrellas. Si esto fuera así, entonces mis rarezas aparentemente aleatorias han acabado formando parte de un plan secreto. Si no, entonces estamos de nuevo frente a una monstruosa secuencia de accidentes.

Universo diseñado es para algunos lo mismo que Universo creado por un Dios religioso. Pero no debe haber error, ni Hoyle ni Carr ni tantos otros que apoyan razonamientos parecidos apuntaban a esta posibilidad. La división entre accidente y plan, entre física y religión, es muy difusa en ocasiones. De hecho, Hoyle defendía que, a pesar de que hubiera “chanchullos” que hicieran posible la proliferación de elementos que derivan en la aparición de vida, el universo siempre era el mismo, idéntico y sin cambios. Era su teoría del universo estacionario. No había principio ni fin en el cosmos. La materia se creaba sin cese en las galaxias, dando lugar a nuevas galaxias que ocupaban el espacio que se iba vaciando conforme continuaba el proceso de expansión.

Esto chocaba contra la otra gran teoría de su tiempo, el Big Bang, al que el propio Hoyle bautizó despectivamente en una emisión de la BBC en 1949 al hablar de las ideas de Georges Lemaître. A pesar de ello, desde 1982 – año de la aparición de su libro Evolución desde el espacio, escrito junto a Wickramansinghe – empezó a defender el diseño inteligente, sin carácter religioso, ya que se declaraba ateo.

El “huevo cósmico” o la “teoría del átomo primigenio”

 

Estatua dedicada a Georges Henri Joseph Édouard Lemaître. Fuente: Public Domain.

El recelo de Hoyle hacia Lemaître a cuenta del Big Bang viene del carácter divino que se desprendía de su modelo cosmológico. Pero hay que aclarar que no era el único al que resultaba extraño. También el propio Albert Einstein estaba en desacuerdo con el belga nacido en 1894 en Charleroi. Su toma de los hábitos se produjo tras haber participado en la Primera Guerra Mundial y haber conseguido una condecoración como oficial de artillería. Con un gusto innato por la ingeniería y la ciencia, la experiencia que le dejó la guerra le llevó a tomar los hábitos en 1923 de manos del cardenal Desiderio José Mercier. Sus estudios continuaron en la Universidad de Cambridge y en el MIT, donde se doctoró.

Ya por entonces tenía en mente la que sería la unión de sus dos grandes vocaciones, la ciencia y la religión. Una relación que hasta el momento era poco menos que anatema para ambas. Era el año 1927 y Lemaître publicó en una revista local sus primeras impresiones sobre su modelo cosmológico. La revista era Annales de la Société Scientifique de Bruxelles y vio la luz dos años antes que los estudios de Edwin Powell Hubble Georges partió de lo postulado por Einstein sobre el cosmos estático y de masa constante para cambiar de rumbo y predecir que el universo debía crecer de forma continuada y sin descanso para seguir siendo viable. Esto no gustó nada al alemán, como hay que suponer, aunque años después el propio genio renegara de esa constante cosmológica.

Solo cuatro años después, en 1931, sus ideas llegan a la revista Nature, donde expuso su teoría completa del “átomo primigenio” o “huevo cósmico”, que luego derivaría en el Big Bang en tono jocoso de Hoyle y en la Ley de Hubble sobre la expansión del universo, a pesar de que fue el propio Lemaître el primero en hablar de ella. Este último asunto está presente en la actualidad científica, pues se pretende hacer justicia al belga renombrando la ley de Hubble, asunto que se votará el día 30 en la clausura de la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional en Viena. Uno de los biógrafos de Lemaître, John Farrell, era claro al respecto:

No es solo el padre del Big Bang. Creo que es el padre de la cosmología moderna.

Un genio científico y a la vez sacerdote, que leía una copia del Génesis y los trabajos del físico Henri Poincaré entre las batallas que vivió como soldado, y cuya determinación logró crear el modelo cosmológico más seguido en la actualidad. En palabras del propio Einstein, quizá de manera irónica, «la más hermosa explicación de la Creación que nunca haya escuchado. Contradiciendo al alemán, y también a Hoyle, el belga demostró que el universo tenía una historia, no era un cuerpo eterno sin principio ni fin.

Fuentes:

– https://www.livemint.com/Science/bJL9Q7rVikaJuyuaFpzCjI/Georges-Lematre-returning-to-the-Bang.html

-https://cosmosmagazine.com/space/this-week-in-science-history-big-bang-theorist-george-gamow-dies

https://www.popsci.com/consent.php?redirect=https%3a%2f%2fwww.popsci.com%2fbig-bang-term-origin-fred-hoyle

– https://www.forbes.com/sites/kionasmith/2018/02/09/the-big-bang-theorys-top-critic-also-named-it/#6d0e29d7229b

– https://www.irishtimes.com/news/science/fred-hoyle-the-brilliant-man-who-lost-the-big-bang-debate-1.2398830

 

 

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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