Giordano Bruno: la magia como una ciencia de lo imaginario

Proceso a Giordano Bruno por parte de la Inquisición romana. Relieve en bronce de Ettore Ferrari. Fuente: Public Domain.

 

La revalorización de la magia vivió un enorme auge en el siglo XVI. Dentro de la pléyade de figuras que ayudaron en esta labor, una de las más importantes fue sin duda Filippo Bruno, conocido por la historia como Giordano Bruno. ¿Cómo entendía la magia? ¿Cómo funcionaba el Universo según sus tesis?

Nacido en Nola (Nápoles) en 1548, Bruno es otro de esos ejemplos perfectos de figura carismática en todos los ámbitos. Sus conocimientos eran muy amplios, y abarcaban campos tan dispares como la filosofía, las matemáticas o la astronomía. Fue él quien dio con la tecla que Copérnico no pudo tocar cuando dijo que el Sol era solo una estrella y no el centro del Universo. Imaginaba un sinfín de mundos habitables y llenos de vida. En ese sentido fue un verdadero precursor de todos los teóricos de la vida inteligente fuera de nuestro planeta, cosa que por otra parte supuso una de las muchas razones que llevaron a la Inquisición a buscar su condena y que a la postre le llevaron a la muerte en la hoguera en Roma, en el año 1600. La siguiente afirmación es una de las fuentes principales de su cosmología:

«…el universo es uno, infinito, inmóvil… No es capaz de comprensión y por lo tanto es interminable y sin límites y a ese grado infinito e indeterminable y por consecuencia inmóvil.»

La capacidad del hombre para dominar la Naturaleza era una de las grandes obsesiones de nuestro protagonista, inquietud que compartía con otros ilustres como Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Cornelio Agrippa o Paracelso. Los rituales mágicos y la magia natural fueron algunas de sus armas en esta búsqueda. Hay que entender el fundamento último del uso de la magia en ese tiempo: es la clave para entender el funcionamiento de las cosas, a cualquier escala. Para Bruno, la imaginación era básica para llegar a los fundamentos de la práctica mágica. Su pensamiento se acerca mucho a lo que hoy conocemos como ilusionismo, porque hablaba de tres factores básicos y necesarios para afectar a algo vivo:

1. Potencia activa en el agente.

2. Potencia pasiva en el sujeto (aptitud a la no resistencia, mostrándose abierto a la experiencia).

3. El uso correcto del tiempo y del lugar. Ésto es decir, la puesta en escena.

La esfera divina y nuestro mundo material se conectan mediante la fantasía. De ahí que se hable de Bruno como mago. Aunque su principal campo de exploración fue la magia matemática, con la alquimia como punto básico. El resto de las ramas del mundo mágico eran consideradas más perversas, a pesar de que la Inquisición le tachara de nigromante. La magia era, en definitiva, una ciencia de lo imaginario. En este punto coincidía con el citado Marsilio Ficino.

Para Ficino existían tres mundos: material, divino y espiritual. El espíritu vincula alma y cuerpo, y propicia que nazcan en las personas sus percepciones e ideas. El espíritu es un mundo en sí mismo, y no es propio solo de las personas, sino que participamos de su poder. La fantasía es el mecanismo que usa el mundo espiritual para lograr que actuemos.

Como mago, Bruno usaba la vinculación como poder de influencia sobre objetos y personas. La magia era un instrumento de conocimiento, pero también manipulaba a las masas. El mago era sabio, el mismo sabio de la antigüedad, adaptado a aquellos tiempos del siglo XVI. Cuanto mayor conocimiento y capacidad tuviera el mago para adaptar las circunstancias y el tiempo en el que realizaba sus hechizos, mayores probabilidades tendría de conseguir un vínculo. ¿Qué es si no el ilusionismo sino el arte de combinar todos estos factores?

Retrato moderno de Bruno a partir de una ilustración de una obra de 1578. Fuente: Public Domain.

Estas aportaciones teóricas fueron algunas de las grandes culpables del final que tuvo Bruno. Ya desde 1576 comenzó su constante huida cuando escapó de su convento. Tenía 28 años y 130 acusaciones contra él. Italia, Francia, Inglaterra o Alemania fueron algunos de sus refugios, donde se dedicó a ampliar sus hipótesis de trabajo y a crear sus escritos y poemas, siempre con la Inquisición pisándole los talones. Finalmente volvió a Italia de la mano de Giovanni Mocenigo, un noble que se convirtió en su protector, pero que a la postre le denunció ante la Inquisición por los discursos supuestamente heréticos que Bruno brindó como profesor de una cátedra particular en Venecia.

En 1592 es apresado por la Inquisición veneciana y trasladado a Roma. Al año siguiente se le encarceló en el Palacio del Santo Oficio. Como anécdota, su proceso lo protagonizó la misma persona que años después llevaría el caso de Galileo, el cardenal y santo Roberto Belarmino. Por su parte, Mocenigo fue acusado de herejía por querer dominar las mentes ajenas, algo de lo que se acusaba asimismo a Bruno, pero que éste jamás enseñó a su antiguo protector. A pesar de la presión, Giodano Bruno se reafirmó en todas sus ideas en 1599, y en 1600 el Papa Clemente VIII ordenó que fuera entregado a las autoridades seculares. Fue considerado hereje, negador de la condición divina de Jesús, de la Trinidad o de la virginidad de María, además de nigromante o creyente en la reencarnación.

Sus trabajos fueron quemados antes que él. Según las crónicas, no dio ni un solo grito mientras se quemaba el 17 de febrero en el Campo de’ Fiori, donde el 9 de junio de 1889 se levantó una estatua en su honor, como garante del avance del pensamiento y mártir de las ideas. Sabemos lo que ocurrió tras su muerte. La Reforma y la Contrarreforma lograron que la magia fuera encerrada en el mero ámbito del espectáculo, realidad que sigue perdurando hasta nuestros días, donde consideramos que todo lo que tiene que ver con estos artes son solo cosa de hechicería y de entretenimiento. Pero no debemos olvidar que la búsqueda del dominio de la naturaleza a través de la Magia Natural o de la alquimia fue clave para el posterior desarrollo científico. La imaginación era la clave de esos intentos de entender la realidad, y fueron cortados de raíz por el inmovilismo eclesiástico. Giordano Bruno fue mucho más que un mago. Fue un defensor del poder de la mente para entender la realidad.

Fuentes:

Culianu, Ioan Petru. Eros y magia en el Renacimiento, Siruela, 1999.

– Mayrata, Ramón. Fantasmagoría: magia, terror, mito y ciencia, La Felguera Editores, 2017.

Rowland, Ingrid D. Giordano Bruno. Filósofo y hereje, Ariel, 2010.

 

Sobre nosotros Félix Ruiz

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