Entrevista a Antonio Piñero

Licenciado en filología clásica en la Universidad de Salamanca (1970), en filosofía pura en la Universidad Complutense de Madrid (1974) y en filología bíblica trilingüe en la Universidad Pontificia de Salamanca (1976). Doctor en filología clásica por la Universidad Complutense de Madrid (1974), en la que ha desarrollado toda su carrera docente, como catedrático de filología neotestamentaria (filología griega), desde 1984 hasta 2011.

Durante su formación académica disfrutó de varias becas en Alemania (entre ellas la prestigiosa Humboldt), y en Londres. Obtuvo el premio extraordinario de Licenciatura en la Universidad de Salamanca (1970) y el premio Luis Vives (CSIC) a la mejor tesis doctoral (1975). Investigador incansable y prolífico, sus muchas obras son fruto de largos años de investigación, actividad en la que continúa. Es uno de los mayores especialistas, tanto a nivel nacional como internacional, sobre cristianismo primitivo y judaísmo, Nuevo Testamento, Apócrifos del Antiguo y del Nuevo Testamento, temas sobre los que versan la mayoría de sus obras. También editor de textos antiguos y traductor de libros científicos sobre el Nuevo Testamento, vertidos del alemán, francés, inglés e italiano. Cuenta en su haber con el Premio Finis Terrae, I Premio de Investigación por su obra Los Cristianismos derrotados, ed. Edaf, Madrid 2007.

Asesor de temas sobre Próximo Oriente, “Cristianismo y Judaísmo”, en la revista National Geographic.Y también conocido por su participación en programas de radio y televisión cuando es requerido porque el tema concierne a su especialidad. Como él mismo ha dicho en alguna entrevista, “llevo casi 40 años viviendo en el siglo I”. En dichas intervenciones, como en sus libros, se destaca su afán didáctico, la claridad de exposición y la firme convicción con la que se expresa.

 

– Para el gran público, incluido los cristianos, la creencia en la existencia histórica de Jesús es más una cuestión de fe que una certeza, ¿qué podría decirles a aquellos que dudan para demostrarles que Jesús pudo existir realmente? Y por el contrario, ¿qué argumentos existen para seguir dudando o negando su realidad histórica?

– Esta pregunta se me ha hecho muchas veces a lo largo de mi vida y la he respondido en el libro “Ciudadano Jesús” de la Editorial Atanor, de la que tomo algunas de las respuestas. También he publicado ¿Existió Jesús realmente?, Editorial Raíces, Madrid 2009, 350 pp. ISBN 978-84-86115-64-7, de las tomo otras, y en general de obras mías.
Casi todos los investigadores de hoy día responden afirmativamente a la existencia real de Jesús. Existió porque el conjunto de “pruebas” o “argumentos” para responder así pesan más que los contrarios. Pero una cosa es la existencia de un personaje histórico y otra, muy diferente, cómo fue interpretado o cómo se transmitió a la posteridad su figura, sus dichos, hechos y su muerte. Ahí puede haber muchos cambios en su figura”.

– ¿Según tu opinión, cuáles son las pruebas más irrefutables sobre la realidad de la existencia de Jesús y de que este fuese una divinidad?

– El argumento principal es simple: es más racional y sencillo históricamente explicar la existencia del cristianismo con todas sus consecuencias admitiendo que hubo de existir el personaje al que se invoca como fundador del movimiento cristiano, que lo contrario.

En efecto, sostener que Jesús fue un puro mito literario y a la vez que ese mito fue el creador, el impulso o el iniciador de un movimiento de tal envergadura como el cristiano es un rompecabezas para un historiador de la Antigüedad al que le resulta casi imposible explicar con verosimilitud histórica este proceso.

Las fuentes antiguas, fuera de los evangelios, que tenemos para conocer a Jesús son prácticamente ninguna, o las que hay son muy discutidas. Prueban más la existencia del cristianismo que la de Jesús mismo. Las dos realmente importantes son:

A) Tácito, Anales 15,44,3 (hacia el 115 d.C.) que afirma:

“Para cortar los rumores (de que él había incendiado Roma), Nerón señaló como culpables, y castigó con la mayor crueldad, a una clase de hombres aborrecidos por sus vicios a los que la turba llamaba cristianos. [[Cristo, de quien tal nombre trae su origen, había sufrido la pena de muerte durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilato]], y la perniciosa superstición fue contenida durante algún tiempo, pero volvió a brotar de nuevo, no sólo en Judea, patria de aquel mal, sino en la misma capital (Roma), donde todo lo horrible y vergonzoso que hay en el mundo se junta y está de moda”.

Personalmente pienso que las frases marcadas con paréntesis cuadrados son una glosa o añadido, porque interrumpen el flujo del discurso de lo que escribe Tácito. Si se eliminan, fluye mejor el texto del historiador

B) Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos 20,20, menciona el asesinato de Santiago, “hermano de Jesús llamado Cristo”.
En Antigüedades 18,63, se halla el llamado “Testimonium Flavianum” sobre la existencia y valoración de la persona de Jesús. Eliminando las interpolaciones de los escribas cristianos, Josefo afirmaría:

“Por este tiempo (el de Poncio Pilato: 26-36 d.C.) vivió Jesús, un hombre sabio; realizó hechos sorprendentes Atrajo a su causa a muchos judíos y griegos. Pilato, después de haber oído que la acusación de los hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a ser crucificado. La secta de los cristianos, así llamados después de él, no ha desaparecido hasta hoy”.
Pero es cierto el primer testimonio sobre Jesús es de finales del siglo I y que es muy discutido. Se trata del pasaje que acabamos de citar del historiador judío Josefo que escribe en Roma, en torno al año 95, una obra, las Antigüedades de los judíos, en los que habla de Jesús.

El texto es discutido porque ha sido manipulado por los copistas cristianos. Aquí hemos transcrito lo que los estudiosos creen que salió de la pluma de Josefo. Pero el texto transmitido está sin duda manipulado. Afirma, en efecto, que Jesús era un hombre sabio, que era el mesías, que había resucitado y que era casi divino, cosas muy difíciles de suponer que procedan de un judío estricto.

Sin embargo, si se eliminan las adiciones de los escribas cristianos, queda un texto muy breve, el transcrito, en el que describe a Jesús dentro de una lista de personajes que hicieron mucho daño al pueblo judío con sus vidas y doctrinas (prometían el reino de Dios en contra de la soberanía de los romanos), y que aumentaron el odio de los jduíos contra el Imperio y a al catastrófica guerra contra Roma del 66-70 d.C.

No es verosímil que Flavio Josefo enumerase a una persona que no hubiese existido dentro de esta lista de hombres dañinos para el pueblo judío que lo abocaron a la guerra desvariando sus esperanzas.

Para algunos investigadores, se puede obtener de los Evangelios acerca de la existencia de Jesús nada o casi nada, porque los Evangelios son obras de propaganda de una fe. Afirma un historiador creyente, Günther Bornkamm en su obra Jesús de Nazaret (51996, Sígueme, Salamanca):

“No poseemos ni una sola ‘sentencia’ ni un solo relato sobre Jesús –aunque puedan ser indiscutiblemente auténticos—, que no contenga al mismo tiempo la confesión de fe de la comunidad creyente, o que al menos no la implique. Esto hace difícil o incluso lleva al fracaso la búsqueda de los hechos brutos de la historia” (p. 15).

Sin embargo, es lo único que tenemos como testimonio más cercano a la muerte de Jesús. Hay que lograr, por medio de los instrumentos de la crítica histórica, obtener algo de ellos.

– ¿Qué opina de las diferentes sábanas santas que existen en el mundo?

Es un mundo del que no puedo opinar con argumentos científicos porque toda mi vida me he dedicado al siglo I a.C. y siglos I y II d.C. Pero a priori puedo decir que en el cristianismo primitivo no había interés alguno por conservar ningún resto material de Jesús, puesto que se creía firmemente que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Además los mismos investigadores de la Síndone no se ponen de acuerdo. A mí es un tema que me parece que no afecta para nada al conocimiento del Jesús histórico.

“En el cristianismo primitivo no había interés alguno por conservar ningún resto material de Jesús, puesto que se creía firmemente que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina”


– ¿Cree posible que hubiera surgido un movimiento religioso como el cristianismo primitivo de manera espontánea sin haber existido Jesús o un personaje real donde sustentarse?

– De ningún modo. Lo he dicho antes indirectamente. Sería un rompecabezas histórico imposible de entender.

– ¿Por qué la figura de Jesucristo se presta a tantas interpretaciones a menudo tan contradictorias? ¿Dependiendo de las creencias de cada uno se podría elegir un Jesucristo “a la carta”?

– Porque lo Evangelios son también contradictorios y porque la figura de Jesús está solo esbozada en ellos, a veces. Los evangelios mismos son ya reinterpretaciones de Jesús a través de la lectura de la Biblia que entonces tenían, la Biblia hebrea traducida al griego, y se le aplicaban a Jesús todos los textos que parecían casar con lo que se recordaba de su vida. Los cristianos posteriores hicieron lo mismo.

He publicado un libro que recoge las diversas opiniones de los cristianos sobre Jesús desde el siglo I al siglo VII después de Cristo. Son diversísimas y contradictorias: Jesús de Nazaret. El hombre de las cien caras de Jesús, Edaf, Madrid 2012, 349 pp. ISBN 978-84-414-3096-9

“Acepto que para nuestra mentalidad, científica, el concepto de “milagro”, que implica la aceptación de un suceso que quiebra las leyes de la naturaleza, suena como fuera de nuestra época”


– ¿Pudo ser la figura de María madre de Jesús así como la del propio Jesucristo, reflejos o vínculos a dioses de otras culturas?

– Pudo ser en cuanto a la reinterpretación de la vida del Jesús histórico y de su madre. Toda reinterpretación se hace conforme a la cultura de cada uno. Y la religión igualmente. No se aparece la Virgen de Fátima a unos pastorcitos de China o de Japón. Pero las dos figuras, una vez aplicados los criterios de la crítica histórica, son figuras encajables dentro del Israel del siglo I d.C.

– ¿Los milagros de Jesús fueron reales?

– Acepto que para nuestra mentalidad, científica, el concepto de “milagro”, que implica la aceptación de un suceso que quiebra las leyes de la naturaleza, suena como fuera de nuestra época. Igualmente, si se mencionan fenómenos conexos como los exorcismos o sanaciones, muchas personas se sitúan mentalmente en el terreno de charlatanes y embaucadores. Y si se habla de la posibilidad de resucitar un muerto o de multiplicar los panes, no cabe duda de que la mayoría de las gentes de hoy, sobre todo los jóvenes, fruncirían el entrecejo.

Sin embargo, los milagros son un capítulo notabilísimo e importante en la “biografía” de Jesús y también en la predicación de la Iglesia primitiva, que concedió en el texto de los Evangelios un gran espacio a los hechos portentosos del Maestro. En el Evangelio de Marcos ocupan los milagros un 35% de la narración, y más o menos lo mismo en los evangelios de Lucas y Mateo; en el Juan, sólo un 15%, ya que sólo narra siete milagros, pero bastante detenidamente. Así pues, la proporción de espacio dedicado nos indica la importancia que éstos tenían para los cristianos primitivos.

De todos modos es lícita esa pregunta de si son los milagros de Jesús puras leyendas evangélicas. En mi opinión, no parece que todo lo que se diga en los Evangelios acerca de los milagros de Jesús sea pura leyenda. Y por una razón, porque hasta sus adversarios reconocen que practicaba sanaciones y exorcismos, sólo que lo atribuían a magia o a un pacto con el Diablo. Por tanto en casos variados curó enfermedades relacionadas por las gentes con el poder demoníaco. Pienso que Jesús era en verdad un auténtico sanador, sea cual fuere la causa de cada sanación concreta.

Es muy difícil separar las curaciones de los exorcismos de Jesús porque en esa época se creía que la mayoría de las enfermedades estaban causadas por la posesión diabólica. Por tanto, sanar era la mayoría de las veces expulsar el demonio del cuerpo de alguien.

El texto básico en el que los enemigos dan testimonio de que Jesús realizaba actos inexplicables es el siguiente: “Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios” (Mc 3,22 + Lc 11,14-23). Igualmente deben interpretarse así las acusaciones contra Jesús por parte de sus adversarios de que era un suerte de endemoniado o mago: Jn 8,48: “Los judíos le respondieron: «¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un demonio?»”.

Es difícil pensar que tales historias de que era un exorcista reconocido, que “expulsaba los demonios” fueran inventadas por sus partidarios, o por la Iglesia posterior, puesto que tal invento de que era un endemoniado o un mago en nada podría favorecer la propaganda de una religión que tenía su fundamento en Jesús. Por tanto, tales historias tienen que haber tenido alguna base en la realidad misma.

En el día de hoy, y sin que podamos ofrecer razones científicas, hay sanadores que curan enfermedades psicofísicas, ya que –me imagino—tienen el carisma de infundir la fe en sus pacientes de que van a ser curados.

Y que Jesús practicó exorcismos en sí mismos, independientes de las curaciones, parece admitido hoy día por prácticamente todos los investigadores del cristianismo primitivo, ya que es una acción “normal” entre personajes carismáticos y que se realiza también en nuestros días con resultados, según algunos, visibles.

Que esta actividad de Jesús sea histórica se deduce del análisis histórico crítico: en primer lugar, por el argumento esgrimido antes, hasta los adversarios de Jesús reconocen que expulsaba los demonios. En segundo: por el que se denomina “criterio de plausibilidad histórica contextual”, es decir, a priori puede admitirse como histórica sin más la actividad de los exorcismos porque encaja perfectamente con el contexto socio-cultural al que pertenecía Jesús, el Israel del siglo I. Por tanto, opino que, apoyado en estas dos razones, es sensato aceptar que Jesús fue un exorcista.

La creencia en la existencia de espíritus y su actividad entre los hombres de esa época era común no sólo entre las clases populares, sino también entre las cultas. Este hecho puede probarse por varias razones:

La primera: no hay testimonios escritos que nieguen expresamente tal existencia de espíritus y su actividad.

La segunda: no había necesidad de explicar la naturaleza del fenómeno de la posesión, de donde se deduce que lo admitía todo el mundo.

En tercer lugar: se conservan textos en los autores antiguos de estatus social elevado que afirman o presuponen la posibilidad de la posesión y la existencia de exorcistas. Entre los judíos destaca Flavio Josefo, en múltiples ocasiones en sus obras, sobre todo las Antigüedades de los judíos, y entre los paganos, Plutarco, en sus Moralia o la Metamorfosis de Apuleyo, o Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato. Aunque estos autores son posteriores a Jesús reflejan sin duda alguna el ambiente que se vivía también en el siglo I.

Los milagros contra las leyes de la naturaleza como multiplica los panes, andar sobre las aguas o resucitar muertos son harina de otro costal. Comencemos por las resurrecciones de muertos. En los Evangelios se narran tres resurrecciones: la de la hija de Jairo, jefe de una sinagoga (Mc 5,21-43); la del hijo de una viuda de la ciudad de Naín (Lc 7,11-17); la de Lázaro, el hermano de Marta y María en el Cuarto Evangelio (11,1-45). Además, en líneas generales hay un texto de la “Fuente Q” que afirma por boca de Jesús que por su medio “Los muertos resucitan” (Lc 7,22 / Mt 11,3-5).

Estos relatos cuadran con el ambiente del siglo I: la gente los creía a pies juntillas. Pero ¿puede un historiador hoy aceptar la existencia de verdaderas resurrecciones? En mi opinión, y en la de muchos, no, ya que una resurrección no es un hecho observable, ni repetible…; es algo perteneciente al ámbito de los sobrenatural, sobre lo que el historiador no se pronuncia ni puede hacerlo. Opino, pues, que aceptar incluso que Jesús creyese él mismo que tenía poder para resucitar muertos se hace muy cuesta arriba desde el punto de vista de un mero historiador.

Dentro de esta categoría se hallan también los siguientes relatos:

· Mc 4,35-41 (tempestad calmada);

· Mc 6,32-44/8,1-10 (multiplicación de los panes)

· Mc 6,45-52 (caminar sobre las aguas)

· Mc 11,12-13.20-21 (higuera seca);
· Mt 17,24-27 (moneda hallada en la boca del pez); Lc 5,1-11/Jn 21 (pesca milagrosa);

· Jn 2,1-11 (conversión de agua en vino).

Respecto a estas narraciones sostengo una postura muy semejante: para un historiador es ésta la categoría de milagros que más cuesta aceptar porque no son experimentables ni repetibles. Alguno dirá que es una postura puramente racionalista. Es cierto, pero es la mantenida por la ciencia histórica.

Por suerte, además, los críticos, aun católicos, se han encargado de demostrar con toda contundencia que los criterios de historicidad muestran que todos estos relatos no proceden del estrato del Jesús histórico, ni siquiera del de los primerísimos seguidores de Jesús, sino de la comunidad cristiana posterior a él. Tales críticos sostienen que, en su afán misionero por presentar al Jesús resucitado con todos sus atributos, cualidades y poderes, los seguidores de Jesús formularon e inventaron historias, relatos y narraciones por el estilo como medio de mostrar a los posibles conversos, o a los fieles mismos de una manera sencilla y convincente, la imagen de un Jesús poderoso y taumaturgo…, una imagen que les interesaba difundir y que correspondía en vida con la del que luego habría de ser el Resucitado y el Viviente, el Jesús sentado a la diestra de Dios.
Podemos preguntarnos cuáles son los argumentos en los que se basan los críticos para cuestionar la historicidad de tales portentos de Jesús. Respondo que en líneas generales se basan igualmente en el análisis literario y crítico de los textos que sirve para reconstruir la historia de la composición de cada uno (es decir, se ve muy clara la mano del evangelista), y de las fuentes que utilizaron, y en la aplicación de los criterios de historicidad que ya hemos mencionado. En particular,
A. El milagro de la “maldición de la higuera” parece no ser más que una historia simbólica unida por el evangelista al episodio de la llamada “purificación del Templo” para indicar que lo que Jesús quiso significar con esta acción era advertir de que Dios aniquilaría el templo presente y de que, en tiempos del Reino mesiánico, cuando estuviere instituido en la tierra de Israel, ese santuario sería sustituido por otro en cuya construcción intervendría Dios mismo. Ahora bien, es improbable la historicidad en sí del prodigio, pues se trata de un milagro “punitivo”, de castigo, que choca frontalmente con el resto de la tradición de Jesús y que parece inspirado en historias del Antiguo Testamento.

B. El análisis crítico de “La pesca milagrosa”, tras la cual Jesús promete a Pedro que “será pescador de hombres”, indica que este portento parece ser la transposición a la vida de Jesús por parte de Lucas, o de su traición, de una aparición de Jesús después de su resurrección. De hecho basta una comparación con el capítulo 21 del Evangelio de Juan donde, tras la misma pesca milagrosa, el Jesús resucitado perdona a Pedro su traición triple y le promete que será el primero entre sus apóstoles, el que apacentará sus ovejas para quedar convencido de la plausibilidad de esta interpretación. Se trata, pues, muy probablemente de un caso de transposición de un relato de apariciones con nulos visos de historicidad.

C. El “caminar sobre las aguas” y la “tempestad calmada” no parecen remontarse a ningún hecho de la vida del Jesús histórico. Por varias razones.

1. Por los criterios de discontinuidad y de coherencia. Estos “milagros” no muestra continuidad ninguna con la vida y el estilo de Jesús ni son coherentes con su modo de actuar. Jesús nunca, menos aquí, hace milagros de exhibición, sino de ayuda, o manifestación de lo que va a ser el reino de Dios, ya por decisión propia o movido por la compasión.

2. Los elementos de una manifestación divina y las alusiones al Antiguo Testamento, que parecen servirle de fuente, se muestran por doquier en el relato: se trata de dos impresionantes teofanías, como otras del Antiguo Testamento, en las que Yahvé domina y vence la violencia de las aguas, que son el símbolo del caos y del mal. Al aplicárselas también a Jesús se quiere indicar con ello que su condición era divina.

Y no sigo para no cansar. La síntesis es: tales prodigios son un producto de la imaginación popular y de la teología de la Iglesia primitiva.

– ¿Pudo Jesús vivir más tiempo de lo que se ha contado?

– De ningún modo. Los romanos sabían matar muy bien. Y más cuando se trataba de un individuo peligroso para ellos. Además, sin la muerte de Jesús y las explicaciones teológicas que dieron los primeros cristianos para un hecho tan incomprensible como que el Mesías hubiera muerto en la cruz, no se explicaría el nacimiento del cristianismo.

– Se han cosechado numerosas obras literarias y cinematográficas que han desvirtuado la historia conocida sobre Jesús y su vida, en ocasiones abriendo una puerta de ideas a una realidad distinta a la contada de forma histórica y oficial. Puede que hayan creado un interés particular en indagar sobre lo que no se conoce de Jesús, y en el otro extremo, puede que haya ayudado a un amplio desconocimiento de la realidad. ¿Pueden ser este tipo de obras beneficiosas de alguna forma, o por el contrario son totalmente perjudiciales?

– En realidad son obras de fantasía literaria. Sirven sobre todo para entretener. No tenemos más fuentes de las que deducir, a base de crítica literaria e histórica, una imagen fidedigna del Jesús de la historia que los Evangelios compuestos los más cerca posible de la vida del personaje. Y resulta que los evangelios más antiguos son los de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. A ellos hay que dirigir nuestra mirada y examinarlos con lupa crítica.

– ¿Cree que Jesús llegó a ser padre?

– No tenemos textos antiguos fidedignos para afirmarlo o para negarlo. De la vida oculta, anterior a su misterio público, no tenemos apenas noticias dignas de considerarse. Así que no lo sé.

– Se ha llegado a publicar que Jesús formaba parte de una minoría de judíos vegetarianos ¿pudo ser esto cierto?

– No sé de dónde se han sacado esa noticia. Me gustaría que me dieran los argumentos y textos pertinentes para examinarlos críticamente. Por tanto: no se sabe si era vegetariano o no. Lo cierto es que los antiguos, y pobres, comían poca carne, ya que era muy cara.

“Estamos asistiendo todos los días al nacimiento de innumerables obras de gran altura científica, que ofrecen una imagen del Jesús histórico y de la vida del iglesia primitiva que tiene poco que ver con lo que se nos cuenta”


– ¿Jesús al ser concebido por obra y gracia del Espíritu Santo pudo ser asexual?

– Todo lo que se diga sobre eso son puras fantasías teológicas e imaginativas. Un historiador serio no se mete en esos temas.

– Sobre Jesús ya se ha dicho de todo ¿Cree que pueden surgir nuevas investigaciones o descubrimientos que planteen una visión hasta ahora inédita del personaje?

– Sí. Se podrían cambiar perspectivas si se descubrieran nuevos manuscritos (por ejemplo, como los del Mar Muerto respecto al judaísmo) y se probara que no son falsificaciones.

– Si tuvieses que comparar la figura de Jesús en la tierra con la de otro personaje histórico, ¿Quién sería?

– Lo dije antes, al menos indirectamente: con Apolonio de Tiana, un sabio pitagórico, asceta, taumaturgo, predicador ambulante, sanador del siglo I d.C.

– ¿Si los Evangelios hubieran sido escritos por testigos directos de la vida de Jesús cree que serían muy distintos?

– Eso es algo futurible. Por tanto no lo podemos saber estrictamente. Sospechamos, sin embargo, que sí, y en algunos aspectos fundamentales. por ejemplo, su aspecto como individuo interesado en la política del siglo I en Israel y su oposición al poder romano.

– ¿Por qué la Iglesia rechazó los evangelios apócrifos?

– Porque:

A. Estaban escritos por autores de los que se sabía que no eran apóstoles o discípulos de los apóstoles. Eran muy posteriores.

B. Porque no se atenían a la regla de la fe común.

C. Porque no eran leídos en las principales iglesias de la cristiandad de los siglos I y I en las reuniones litúrgicas comunes. Eran obras de grupos pequeños.

– ¿Puede la Biblia haber sufrido algún tipo manipulación a lo largo de los siglos?

– Naturalmente que sí. En el siglo II, a finales, y a principios del III, se hizo una edición (o mejor se deduce que se hizo) general de los escritos sagrados del Nuevo Testamento, que ya se estaba formando. Pero en general las correcciones no fueron muchas y se ven reflejadas en os manuscritos. Así que son detectables. En líneas generales, sin embargo, puede decirse que la tradición de la transmisión de la Biblia cristiana es bastante aceptable. Otra cosa es que se crea lo que en ella se cuenta.

– ¿Se tienen noticias sobre algún nuevo texto evangélico que aún no conozcamos?

– Sí. Es lo que llamamos la “Fuente Q”. Este evangelio es sólo una reconstrucción científica, una hipótesis aunque muy bien fundada, porque no se ha encontrado ningún manuscrito de él hasta ahora.

Se denomina “Fuente Q” a aquellos pasajes de Mateo y de Lucas que coinciden mucho entre sí, a veces al pie de la letra, y que no se hallan en el Evangelio de Marcos, que es una de sus fuentes escritas, de las que copian.

Al coincidir tan exactamente Mateo y Lucas en esos pasajes, a veces largos, los estudiosos piensan que ahí no obró la cualidad de que utilizaran la misma tradición oral. Hubo de existir ya en lengua griega una especie de “Evangelio”, que contenía ante todo “dichos del Señor”. Este “evangelio” hubo de estar ante los ojos del Mateo y Lucas, del que debieron de copiar lo que le interesaba.

Pero, se debe insistir en que no se ha encontrado aún ningún manuscrito de ese Evangelio. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento piensan que es sumamente probable que existiera y que es mera casualidad la falta de copias.

– ¿Cuál es tu opinión personal sobre las escrituras de la biblia y sus mensajes apocalípticos?

– Es un libro valiosísimo para nuestra cultura, historia, literatura, arte, etc. Pero no lo veo
con ojos de la fe porque yo soy agnóstico y muy racionalista, aunque muy respetuoso con las creencias.

– La Iglesia Católica considera la práctica de la homosexualidad como un pecado, ¿hay alguna alusión de Jesús a este respecto en los Evangelios tanto canónicos como apócrifos?

No. Sólo en el llamado “Evangelio secreto de Marcos”. En mi opinión se trata de un apócrifo moderno, una falsificación muy inteligente. Sobre este tema he escrito un capítulo entero en mi obra “Jesús y la mujeres”, Editorial Trotta, Madrid 2014. ISBN 978-84-9879-501-1.

– Todos sabemos que la Iglesia católica sigue una línea muy conservadora en lo que concierne a la revelación de secretos, ya sea por miedo o cualquier otra cuestión. ¿Podríamos asistir algún día a la revelación de una noticia que dañara las bases del catolicismo tal como lo conocemos?

– Tal como se plantea es una pura fantasía. Pero, por parte de la ciencia histórica y de la crítica literaria, estamos asistiendo todos los días al nacimiento de innumerables obras de gran altura científica, que ofrecen una imagen del Jesús histórico y de la vida de la iglesia primitiva que tiene poco que ver con lo que se nos cuenta. Pero la Iglesia lleva casi dos mil años resistiendo estos ataques de la crítica. Pero, a la vez, desde inicios del siglo XIX, los estudios críticos han ido influyendo cada vez más sobre cómo se interpreta el cristianismo en las Facultades de teología de la Iglesia católica. Sus resultados llegan, sin embargo, al pueblo, muy lentamente.

De las distintas iglesias que se han ido conformando a partir del cristianismo primitivo ¿cuál cree que es más fiel a las enseñanzas de Jesús y cuales lo han deformado más?

– Todas, absolutamente todas, han deformado la enseñanza y la figura del Jesús histórico. La razón es que todas las iglesias dependen del modelo de Pablo de Tarso para interpretar a Jesús, tanto en vida como en su naturaleza y enseñanza. Los cuatro evangelistas son discípulos más o menos cercanos del pensamiento paulino.

– ¿Cuál fue el detonante de la separación del cristianismo y el judaísmo?

No hubo uno, sino muchos. Aunque las discusiones y expulsiones mutuas entre cristianos y judíos fueron muchas desde finales del siglo I, la separación definitiva fue hacia el siglo V d.C. tras el Concilio de Calcedonia (451) en el que se confirmó toda la doctrina trinitaria. El detonante desde el principio fue cómo se entendía la naturaleza del mesías, a saber no como un mero hombre (el judaísmo) aunque con ciertos rasgos divinos, o bien como un ser divino desde el principio (el cristianismo).

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