El Síndrome y la Sociedad Truman: un “Tiempo desarticulado” de ficción demasiado real

Algo más de dos décadas después, El show de Truman sigue siendo una película muy de actualidad. Quizás más que nunca. Sus planteamientos más profundos sobre la sociedad y el individuo dibujan perfectamente ciertos detalles del funcionamiento de la aldea global. ¿Pero qué hay de fondo? ¿Qué se esconde tras la historia de Truman Burbank?

Los spoilers son necesarios en determinados momentos, y este artículo destripa el final de la película, además de otros aspectos relacionados. Así que si alguien quiere dejar de leer, es el momento. Dicho esto, es hora de volver a esos instantes finales. Se trata, desde luego, de una de las secuencias más sobrecogedoras del cine de finales del siglo XX. Un asombrado Truman Burbank, interpretado maravillosamente por Jim Carrey, llega al límite del enorme escenario en el que ha vivido casi desde que nació. Sube unas escaleras, y da con una puerta. Millones de espectadores observan con una mezcla de pena, felicidad y alegría cómo ese personaje televisivo que les ha tenido enganchado a un ‘reality show’ desde hace décadas está a punto de salir al mundo real, de cruzar el umbral y finalmente disfrutar de lo arrebatado. Todo, mientras Christof (Ed Harris), creador de ese microuniverso televisivo, observa abrumando cómo acaba todo.

Se han hecho muchos análisis de la obra de la película del australiano Peter Weir, guionizada por Andrew Niccol (Gattaca, otra cinta imperdible). En ella caben reflexiones de todo tipo. Por ejemplo, religiosas. Truman (el Hombre Verdadero) por fin descubre que todo es falso, tal como él intuía. Ha llegado al límite de su mundo conocido y ahora empezará a vivir la Realidad. Su embarcación choca contra el aparente cielo y se abre un boquete. Es el momento de conocer la Verdad. Es así como el constructor (Christof) queda desenmascarado y dice: “Soy el creador… del programa de televisión (la ilusión)…”. Truman le pregunta: “¿Y, quién soy yo?” A lo que responde Christof: “El protagonista”. Truman pregunta si nada era de lo acontecido en su vida era real, y a Christof no le queda más remedio que decirle que sólo él, Truman, es real (el Hombre Verdadero). Christof intenta convencerlo al final diciéndole que fuera de su mundo de ilusión no hay Realidad alguna, únicamente mentiras. Que él le protegerá para que no tenga nada que temer en el mundo que ha creado para Truman. Cree que el miedo le impedirá marcharse, que ese es su sitio, pero Truman no ha llegado hasta allí para ahora volverse atrás. Hace caso omiso a lo que dice Christof y entra definitivamente en la Realidad. Sylvia, su novia desaparecida en la juventud, su verdadero amor o, según el análisis religioso, el Cristo Interno, corre a su encuentro y todo un abanico de posibilidades de seguir avanzando se despliega frente a él. El gigantesco escenario ya no tiene sentido.

Es la consecución de un proceso en el que Truman cayó en la cuenta de que había detalles en su rutina diaria que no encajaban. Todo era demasiado perfecto, todo giraba en torno a un ciclo que no paraba de repetirse, una y otra y otra vez. La “sociedad perfecta” de Seahaven estaba tan perfectamente creada que resultó ser imperfecta. Ni el mar, ni el Sol o la Luna (todo artificial y dentro de una enorme cúpula visible desde el espacio) consiguieron engañar al protagonista.

Una serie de pequeños detalles levantan las suspicacias de Burbank, quien comienza a comprobar si su vida es o no lo que parece. Detecta mentiras en sus conocidos, vehículos que aparecen una y otra vez en el mismo lugar cada día, o incluso que le cortan el paso. La burbuja va explotando durante la cinta, llegando a sus momentos culminantes con las medidas desesperadas de la producción dirigida por Christof de encauzar los acontecimientos. O no, según se mire, pues la película sigue siendo objeto de debate entre muchos aficionados.

Uno de ellos sugirió en un hilo de Reddit en 2017 que era imposible que todo el mundo construido en torno a Truman se desmoronase tan rápido. ¿Por qué se presenta la tormenta perfecta para que Truman Burbank (Jim Carrey) acabe dándose cuenta de que es el único que desconoce que es la ‘mascota’ de millones de hogares? ¿Por qué su padre, desaparecido, vuelve de pronto de la nada? ¿Por qué se cuestiona Truman su vida precisamente en ese momento? Sencillo: no hay suficientes ingresos. El programa es insostenible.

El usuario en cuestión, de nombre Gameran, subraya varias situaciones que acontecen a lo largo de la cinta. Constantes fallos en los decorados (fallos de focos o iluminación), extras más baratos con menos tiempo en pantalla, los repetitivos anuncios para salvar la audiencia o el intento de reflejar relaciones sexuales en directo entre Truman y su mujer, Meryl (Laura Linney). ¿El show de Truman acabó por una serie de coincidencias o se buscó su cancelación a propósito porque era insostenible?

La Sociedad Truman

La película de 1998 sigue con una vigencia incuestionable. Sobre todo, en la cuestión de la visibilidad pública de cualquiera de nosotros. Cuando se estrenó, generó una reflexión social en torno a quién querría ver la vida cotidiana de una persona y quién querría exponer su vida ante millones de desconocidos. La respuesta es apabullante y terriblemente visible: todo el mundo, o casi. ¿En qué se han convertido las redes sociales sino en ventanas en las que se exponen cada paso de las vidas de quienes postean en ellas?

El Show de Truman bebe mucho del filósofo francés Jean Baudrillard. Baudrillard partía de la base de que, en una sociedad que desde la revolución industrial depende cada vez más de artilugios mecánicos (y, posteriormente, tecnológicos) y cada vez menos de las plantas, los animales y el clima, la vida resulta artificial: interactuar con otro ser humano ya no depende, como ha ocurrido durante miles de años, de cruzarse con él por la calle. La teoría de Baudrillard es que lugares como Disneylandia exageran su carácter fantasioso para que, al salir del parque temático y regresar a su vida cotidiana, la gente sienta que el mundo real es más real. Si Baudrillard viviese hoy, quizá habría edificado su teoría sobre el ecosistema de Instagram en vez de sobre Disneylandia.

La artificialidad de las redes sociales esconden a personas reales. Los ‘likes’, los comentarios y los insultos repercuten en la realidad. A pesar de todas las construcciones que se edifiquen alrededor en cada caso particular, lo ocurrido en las redes tienen consecuencias reales y emocionales en cada individuo. Si las redes sociales promueven la creciente ludificación de la sociedad (por aquello de ser mejor vistos y considerados en razón de sus actividades), también alimentan la ludopatía de la autoestima: seguir jugando porque, tarde o temprano, te tiene que tocar ganar a ti. Y el ejemplo es clarísimo, compartido por todos los que exponen su vida en las redes: si no hay foto, no ha pasado.

Los economistas Bryan Caplan, Robin Hanson y Kevin Simler están dispuestos a convencer a sus lectores de que la vida diaria, que parece tan real, también está plagada de falsedades y engaños. Los autores afirman que existen instituciones enteras creadas por la humanidad cuyo motivo de existencia es un artificio. ¿Os sentiríais un poco como Truman si se presentaran evidencias contundentes de que la religión, la caridad, la política, la medicina o la salud no son en realidad lo que parecen?

Bryan Caplan inició este movimiento al revisar a fondo los objetivos de la educación en su libro The Case Against Education ( Contra la Educación). En él afirma que el propósito real de las instituciones educativas no es enseñar, sino señalar al resto de la sociedad la capacidad e inteligencia de cada individuo. Esto explicaría que olvidemos la mayor parte de lo que se nos enseña. La educación es la credencial que señala el cumplimiento de las obligaciones y que permite conseguir trabajo al exhibir los títulos alcanzados. Nada más. Lo más polémico de la teoría de Caplan es que, pese a que presenta evidencia variada para respaldar su teoría, la mayoría de la población está dispuesta a negar esta realidad.

Kevin Simler y Robin Hanson siguen y refuerzan lo dicho por Caplan y muestran en su libro The Elephant in the Brain (El Elefante en la Mente) las razones de la existencia de otras instituciones. Señalan que la historia oficial que justifica estas organizaciones solo es parcialmente cierta. Para Simler y Hanson las instituciones de la salud forman parte de nuestro Truman Show particular, construido a escala planetaria. Es cierto que en la actualidad las vacunas, las atenciones de urgencia y la obstetricia salvan millones de vidas. Pero se dedican recursos excesivos en atenciones inútiles, con efectos nulos en los pacientes. Además, existe el factor social: los profesionales pueden simplemente pretender parecer mejores de lo que son.

La caridad, la religión, el arte y la política resultan ser actividades con objetivos muy distintos a los reales, mientras la sociedad entera persiste en engañarse a sí misma y las fundamenta con argumentos vacíos. Simler y Hanson aducen que estas conductas provienen en realidad de un módulo cerebral especialmente diseñado por la evolución. Para entender para qué, hay que pensar que el egoísmo trae indudables beneficios personales, pero que si la sociedad nota nuestro individualismo, querrá castigarnos por ello. Por eso, la mejor estrategia para el éxito reproductivo es ser egoísta sin parecerlo, un rasgo de la personalidad que permite acceder a mayores recursos y a más o mejores parejas. En pocas palabras, lograr una mayor descendencia es el motivo oculto último que guía estos engaños. Socialmente, la interacción fingida entre millones de personas que persiguen su propio interés evolutivo nos legó instituciones de dudosa efectividad. Mientras nadie reflexiona sobre los verdaderos propósitos y logros de estas organizaciones, ellas crecen.

El Síndrome Truman

La obra maestra de Peter Weir ha dado lugar a ramificaciones imprevistas en los últimos veintiún años. Corría el mes de octubre de 2003 cuando un hombre de 26 años de edad ingresó en el hospital psiquiátrico donde trabajaba el doctor Joel Gold, diciendo que sospechaba que alguien estaba grabando su vida en secreto y la estaba difundiendo a todo el mundo. Este hombre asociaba su caso con la película. El show de Truman se convirtió en un referente para muchos de los pacientes de Gold que experimentaban delirios. Gran parte de estos casos fueron documentados en el libro que escribió con su hermano Ian, Suspicious Minds: How Culture Shapes Madness.

La historia de Truman Burbank propició la aparición de un síndrome. En 2003 sólo faltaban cuatro años para el boom de Facebook. Gran Hermano se retransmitía en más de 40 países y después de los atentados del 11 de septiembre, el uso de cámaras de vigilancia incrementó enormemente en el mundo occidental. Normal que creciera la idea de ser observado —consciente o inconscientemente—.

Cuando el comediante Tomoaki Hamatsu —apodado “Nasubi”— apareció en el programa japonés de la década de los 90 Susunu! Denpa Shōnen, no tenía idea de que la gente lo estaba viendo. No lo supo hasta un año después, cuando su temporada terminó abruptamente en un estudio, frente a un publico frenético. Nasubi fue a la audición y de ahí fue trasladado a un apartamento con una sola habitación. Tuvo que quitarse la ropa a petición de los productores y se quedó solo y desnudo. La idea era que tenía que ganarse todo lo que necesitaba para sobrevivir por medio de apuestas. Una vez que ganara un millón de yenes [alrededor de 8.600 euros], quedaría en libertad. Casi un año después, Nasubi descubrió que había “ganado” el programa. Las cuatro paredes de su piso cayeron para revelar a un público emocionado. Nasubi gritó. Seguía desnudo.

Sin saberlo, Nasubi se había convertido en la estrella de su propio show. Era el nuevo Truman Burbank de Japón, solitario y sin ropa, con millones de fans. Sin saberlo, Nasubi había lanzado su propia línea de productos de mercadotecnia y publicado varios de sus libros, que fueron un éxito. Los productores habían transformado a Nasubi en un producto con piernas.

La cultura sigue interactuando con nosotros de una forma cada vez más invasiva y también posee la capacidad de interactuar con las psicosis. Los cambios tecnológicos propician nuevas formas de manifestación del DST (siglas del Delirio del show de Truman).

Es lógico pensar que si el entorno se vuelve más ‘tóxico’, pueda haber más dolencias“, dijo Ian Gold al teléfono. “Si el mundo social se vuelve más ‘tóxico’, es muy probable que aumente la psicosis“.

Por ese motivo el referente de El show de Truman es adecuado para lo hermanos Gold: permite que los pacientes expliquen sus delirios a su psiquiatra. “La gente que lo padece se siente identificada“, dijo Ian. “Con frecuencia dicen que es un alivio saber que es un fenómeno real y que no son los únicos“.

El Síndrome de Truman es una psicosis paranoide común que se ha relacionado con un referente moderno. Es difícil decir a ciencia cierta que la proliferación de la tecnología está influyendo en el número de diagnósticos. El contenido de los delirios van unidos a las experiencias de una persona, y la cultura contemporánea parece desempeñar un papel importante en ello. Un estudio retrospectivo llevado a cabo en el 2008 mostró el modo en el que el contenido de los delirios ha ido evolucionando con el paso del tiempo, desde temas religiosos o mágicos, hasta temas políticos e incluso técnicos.

Los autores han declarado que: “los cambios sociopolíticos y el desarrollo científico y técnico han influido en el contenido delirante de la esquizofrenia”. El psiquiatra Joseph Weiner ha observado que: “ […] en la década de 1940, los pacientes psicóticos habrían expresado delirios en los que sus cerebros estaban controlados por ondas electromagnéticas; ahora, los pacientes delirantes suelen quejarse por tener chips informáticos implantados en sus cuerpos.

El Delirio del show de Truman podría representar una evolución en el contenido de los trastornos delirantes de tipo persecutorio en respuesta a una cultura pop cambiante.

El verdadero origen de El show de Truman

Aún resta una cuestión que tratar, y es el libro que inspiró la película, y ciertas ideas filosóficas que acompañan a su autor. El guión copia sin tapujos el argumento un libro de 1959, uno de los libros que un tal Philip K. Dick publicó antes de su primer éxito con El hombre en el castillo. Ese libro se tituló Tiempo desarticulado y mostraba los dos pilares básicos sobre los que se edificó la película: el control gubernamental y el cuestionamiento de la propia realidad.

Dick parte de una pequeña ciudad cualquiera en la Norteamérica de 1959. Se van introduciendo las pequeñas vidas de unos cuantos personajes, que sutilmente se van complicando conforme la neurosis esquizofrénica de Ragle Gumm, el protagonista ideado por Dick que se gana la vida acertando diariamente el concurso del periódico local, va cobrando relevancia. Ragle acierta a diario el lugar donde va a aparecer el denominado ‘hombrecito verde’. Siempre lo deduce según unas pistas que únicamente él parece comprender.

Gumm (con su hijo Sammy, su esposa Margo o su cuñado Vic) va descubriendo anomalías que confirman que hay gato encerrado y “alguien” le esconde algo. Planifica y ejecuta sus dos huidas de la ciudad (la primera en solitario, la segunda en compañía de Vic) y finalmente se revela una explicación plausible pero impactante para las anomalías temporales reveladas, que han ido apareciendo por las páginas del libro y que desembocan en una realidad inesperada: una Guerra Civil entre la Tierra y la Luna. El juego del hombrecito verde sirve para revelar los lugares que serán bombardeados por los enemigos, por lo que las autoridades pueden proteger a la población de la Tierra haciendo uso de los dones de Ragle, quien antes era militar y en un momento dado olvidó su pasado y fue insertado en una vida artificial en la que otros se aprovechan de sus deducciones para sobrevivir a la guerra.

Que la mente de Dick siempre trataba de atisbar los límites de la realidad no es ningún secreto. Como tampoco lo es que su corpus filosófico fue evolucionando y adquiriendo capas cada vez más profundas. El I Ching fue parte central de su vida durante años, pero también lo fueron Heráclito o Platón, entre otros. Pablo Capanna, en Idios kosmos: claves para Philip K. Dick, muestra las claves entre las relaciones entre realidad individual y colectiva y sus límites, que forman parte de El show de Truman y de varios trabajos del escritor de ciencia ficción californiano.

El fragmento 123 de Heráclito (que Dick cita en The Divine Invasion) es quizá una de sus claves intelectuales más importantes: physis hryptesthai philei, “la naturaleza ama ocultarse”. También la noción de dókos (apariencia) fue asumida por Dick como concepto central de su pensamiento. En un texto de Heráclito que tanto influyó en Dick, el mundo subjetivo es presentado como un sueño, y sólo los despiertos comparten el mundo real (el sueño, una vez más, parece estar onmipresente): de ahí la oposición entre idios cosmos (mundo privado) y koinos cosmos (mundo compartido). El mundo “real” no es más que un sueño compartido, una ilusión que todos percibimos al mismo tiempo y de la misma manera: “la mente construye la realidad, la acota, la crea. Todos tenemos una común realidad, un sueño común” (“Small Town”, 1954).

Esa distinción entre mundo privado y subjetivo (idios cosmos) y mundo de la experiencia intersubjetiva (koinos cosmos) que Dick descubriera en Heráclito, se vio corroborada luego, por sus lecturas de psicoanálisis existencial y, en especial, de la obra de Ludwig Binswanger.

La obra capital de Binswanger (Grundformen, 1942) establecía, siguiendo las huellas de Heidegeer, una distinción tripartita entre mundo circundante (Umwelt), mundo compartido (Mitwelt) y mundo personal (Eigenwelt). En una de sus últimas cartas, cuando la confusión mental iba creciendo, Dick relaciona esta topología con los tres mundos de la Divina Comedia: Infierno, Purgatorio y Paraíso, e introduce al tiempo como factor diferenciador: en el primer caso, el tiempo corre hacia delante, hacia la destrucción y la entropía; en el segundo fluye hacia atrás, como en su novela Counter-Clock World; y el tercero, es la eternidad. Estos tres mundos establecen relaciones entre ellas que llevan a confusiones a nivel psicológico o social, como en el caso de Truman Burbank.

De todos modos, en esta etapa la koinonia, la experiencia intersubjetiva en la cual se apoyan tanto el sentido común como el método científico, resulta dudosa: tampoco garantiza la existencia de un mundo real, exterior a la mente. Sólo la ágape, la “empatía” que permite lograr un contacto directo con la mente del otro, ofrece alguna garantía de acceder a la verdadera realidad.

La realidad, un concepto tan difícil de definir. Individual, grupal, universal, consensuada, aparente… Múltiples formas de interpretarla, pero tan esquiva que es imposible acceder a ella en plenitud. La sociedad parece abocada a la irrealidad de los perfiles que compartimos en redes sociales, una suerte de ‘reality’ a nivel global en el que, como ya se dijo, algo que no esté retratado en fotografía puede ni siquiera haber existido. Al igual que Dick fue un visionario cuando escribió su novela, el binomio Weir-Niccol dieron el siguiente paso con la historia de la “sociedad perfecta” de Seahaven. Esa sociedad, de alguna forma, se ha extrapolado a nivel mundial. ¿Es esa irrealidad el precio a pagar para ser felices? ¿La humanidad está dispuesta a sacrificar su mundo individual para ser feliz? ¿Qué sentido tiene?

Fuentes:

– Libros

  • Capanna, Pablo. Idios kosmos: claves para Philip K. Dick, Ajec, 2005.
  • Cuevas Rodríguez, Jesús Manuel. Filmosofía. Cine y filosofía: cuestionando la realidad, Ópera Prima, 2009.

– Artículos

  • https://www.goodtherapy.org/blog/detecting-threat-review-of-suspicious-minds-042215
  • https://nypost.com/2014/07/19/the-truman-show-delusion-and-how-our-culture-determines-crazy/
  • https://www.washingtonpost.com/opinions/book-review-suspicious-minds–on-culture-and-madness-by-joel-gold-and-ian-gold/2014/09/26/795fd9c2-3380-11e4-a723-fa3895a25d02_story.html?utm_term=.079173496bfe
  • https://www.newsweek.com/2018/06/15/truman-show-jim-carrey-reality-show-delusion-960250.html
  • https://www.weirdasianews.com/2009/08/26/denpa-shonens-nasubi-naked-starved-famous/
  • https://www.popdust.com/nasubi-japan-naked-1924083261.html

Sobre nosotros Félix Ruiz

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