El fiasco del supuesto hallazgo de la nao Santa María

Réplica de la nao Santa María,  en el Muelle de las Carabelas de Palos de la Frontera

 

Nos encontrábamos en el día 13 de mayo de 2014 cuando el diario británico ‘The Independent’ lanzó una bomba brutal que arrasó en todos los medios de comunicación a nivel mundial: «Un equipo de investigadores de EE.UU. creen haber hallado la nao “Santa María” de Cristóbal Colón en las profundidades del Caribe, cerca de Haití.» Un anuncio polémico con un transfondo no menos polémico. ¿Queréis conocer la historia de este fiasco?

El responsable del proyecto era Barry Clifford, responsable en el pasado de algunos hallazgos ciertamente llamativos. Al parecer Clifford, patrocinado por History Channel, afirmaba haber fotografiado la nao en el mar al norte de Haití. Las primeras fotografías se habrían realizado 10 años antes durante una investigación previa, junto con un reconocimiento más reciente. Muy pronto el descubridor se envalentonó y lanzó unas declaraciones en las que dejaba muy claras sus intenciones: «Las pruebas geográficas, de topografía submarina y arqueológicas sugieren con fuerza que este naufragio corresponde a la famosa embarcación insignia de Colón, la Santa María. El Gobierno haitiano ha sido extremadamente útil, y ahora necesitamos seguir trabajando con ellos para hacer una excavación arqueológica más detallada.»

Según añadía el diario, Clifford y su equipo solo habían realizado mediciones y tomado fotografías del lugar. La identificación tentativa que ellos defendían de la «Santa María» habría sido posible gracias a investigaciones realizadas en 2003. Eso sí, lo único claro que se vislumbraba en aquel momento era que existía un pecio hundido, que podría corresponder por su ubicación con los datos que señalaban el lugar aproximado del hundimiento de la Santa María, pero nada más.

Para redondear sus declaraciones, el protagonista afirmaba que su hallazgo fue posible gracias a las notas de Cristóbal Colón, confirmadas por un arqueólogo de la Universidad de Indiana que formaba parte del equipo. Su nombre era Charles Beeker. «Una excavación será necesaria a fin de encontrar más pruebas y confirmar que se trata del barco», apuntaba el arqueólogo.

«Hemos informado al Gobierno haitiano sobre nuestro descubrimiento, y esperamos trabajar con ellos y otros colegas haitianos para asegurar que el lugar es protegido y preservado. Será una oportunidad maravillosa trabajar con las autoridades haitianas para preservar la evidencia y los artefactos del barco que cambió el mundo», decía orgulloso nuestro amigo Barry.

Ante este panorama, se desataron una serie de reacciones en cadena que propiciaron que el mundo se dividiera entre aquellos que celebraban un nuevo hito de la investigación histórica, y aquellos que pensaban que todo olía a chamusquina. Y no es de extrañar, leyendo todo lo anterior. Un anuncio de esta envergadura siempre debe tomarse con cautela, y estar respaldado por una investigación que deje poco lugar a las dudas. No era el caso de Clifford y su equipo. Entusiasmo a raudales, afirmaciones tajantes y ‘pruebas irrefutables’, que rápidamente recibieron fuertes críticas por parte de muchos arqueólogos e historiadores serios, que veían en Clifford y su anuncio un asunto muy sospechoso.

Como era de esperar, muchos académicos y aficionados a la arqueología alzaron la voz contra lo que consideraron un insulto. El propio Charles Beeker tuvo un conato importante de dar marcha atrás al aclarar que él pretendía lograr que se diera permiso para una investigación seria y aprobada por el gobierno haitiano, desmarcándose del entusiasta Clifford. Si fue por miedo a perder su credibilidad académica o porque realmente quería restar importancia a las palabras del jefe del equipo es algo desconocido. Aun así, el golpe de efecto llegó pronto, y llenó de estupor al mundo entero. El gobierno haitiano tomó en serio la propuesta de Clifford. Laurent Lamothe, primer ministro, declaró que se crearía una comisión de alto nivel que supervisaría los trabajos del equipo de investigación, en el marco de una reunión que se produjo entre las autoridades haitianas y el explorador. La comisión estaría compuesta por expertos del brazo cultural de Naciones Unidas, la UNESCO, los ministerios de Cultura y Turismo, especialistas del Museo del Panteón Nacional Haitiano (MUPANAH), así como Clifford. A pesar de mostrarse bastante escépticos ante el supuesto hallazgo, Haití se planteó en un primer momento ver hasta dónde llegaba el asunto.

Como muestra de agradecimiento, Clifford expresó su deseo de que el barco se quedara en Haití para ser expuesto de forma permanente, y así ayudar al turismo nacional. Como curiosidad, el MUPANAH exhibe desde hace mucho un ancla que se recuperó hace trescientos años y que se cree que pertenece a la Santa María. Visto así, a priori sería un gran negocio un hallazgo como el de la nao.

Por su parte, la UNESCO se comprometió a enviar un grupo de expertos para comprobar la veracidad de los hallazgos del grupo de Clifford. Monique Rocourt, ministra de cultura haitiana, remitió a la entidad el 12 de junio una misiva en la que pedía ayuda al Consejo Científico de la Unesco para determinar el origen del pecio hallado frente a las costas de la ciudad de Cabo Haitiano.

La teoría más plausible sobre la ubicación de la nao

Existen diversas teorías que hablan sobre el destino que corrió la Santa María tras naufragar cerca de la costa. Por ejemplo Manuel Rosa, historiador luso-estadounidense, asegura que la nao «fue quemada y nunca se encontrará en el mar». Rosa escribió en 2009 ‘Colón, la historia nunca contada’, donde intentaba probar sus teorías en cuanto a los acontecimientos que tuvieron lugar en el primer viaje – al menos supuesto, ya que hay pruebas de que no fue así – al Nuevo Mundo. Según su investigación, Colón mintió en su relato del hundimiento de la Santa María. Así, Colón habría cañoneado la nao, que se hallaba en tierra, el 2 de diciembre de 1493. Lo habría hecho en playa Caracol, rebautizada como ‘Fuerte Navidad’.

Otra de las teorías existentes y la que más se podría ajustar a la realidad es la de la española María Luisa Cazorla y su equipo, que aseguraba que la Santa María no se haya hundida bajo el mar, sino a seis o siete metros por debajo del nivel del mar, bajo una gran capa de tierra y fango en Grand Rivière du Nord. Las evidencias se apoyan en un trabajo multidisciplinar que incluso llegó a delimitar una zona de excavación donde comenzar la búsqueda, que no pudo comenzar por culpa de las circunstancias políticas complicadas de Haití, en el que en 1991 hubo un golpe de estado que frustró el proyecto.

¿Cómo pudo quedar la Santa María hundida bajo una gran capa de lodo? Según Cazorla, ocurrió el día 3 de enero de 1493 y la nave quedó varada en el punto de máxima marea del año, siendo imposible para Colón poder resolver la situación. Toda la zona estaría enterrada por toneladas de fango que se ha acumulado en la zona, formando un delta que ha ganado un kilómetro al mar en todos los años transcurridos hasta hoy.

Los datos de los que dispone el equipo de Cazorla concuerdan con otros descubrimientos en torno a la nao, como ancla y el pueblo de Guacanagarí, mencionado en los diarios de Cristóbal Colón.

La historia de la Santa María

La nao Santa María, llamada La Gallega – se dice que fue construida en Galicia, de ahí el apodo – no era una carabela, en contra de lo que dice la tradición. Era una carraca (nao en el lenguaje náutico español de la época). Los marineros le dedicaron el nombre de Marigalante, aunque su nombre proviene de la Virgen de la Rábida, Santa María de los milagros. Su propietario era Juan de la Cosa, que la alquiló para la empresa de Colón. Fue la más grande de las tres naves que emprendieron el primer viaje en pos del Nuevo Mundo.

El día de Navidad, el 25 de Diciembre de 1492, más de dos meses después de haber llegado a aguas del Caribe, Cristóbal Colón costeaba al norte de la isla de La Española, en la zona que hoy pertenece a Haití. Era al anochecer y la nao Santa María colisionó contra un fondo rocoso cerca de la costa haitiana. Un grumete llevaba el timón, contraviniendo las órdenes directas de Colón, y la nao encalló en un banco de arena. Vistas las circunstancias, un enfurecido Cristóbla decidió cortar el mástil y desmantelar en la medida de lo posible la nao, además de llevar toda la carga a tierra.

«Y díxoles el Almirante a el [maestre] y a los otros que halasen el batel que traían por la popa y tomasen un ancla y la echasen por la popa; y él con otros muchos saltaron en el batel…no viendo otro remedio, mandó cortar el mástel y alijar de la nao todo cuanto pudieron para ver si podían sacarla».

Con todo ésto, se construyó el conocido como “Fuerte Navidad”, donde se quedaron 39 hombres, entre ellos un cirujano, un sastre, un tonelero, un carpintero, un calafate y un bombardero, con provisiones para un año y semillas, ante la imposibilidad de ser realojados en la Pinta y la Niña. El fuerte quedó al mando del alguacil Diego de Arana. Colón prometió volver con ayuda para los allí refugiados, y los dejó allí como primera avanzadilla del Nuevo Mundo. El viernes 4 de enero de 1493 Cristóbal Colón abandonó las costas recién descubiertas para comunicar a los Reyes Católicos sus descubrimientos.

Diego de Arana recibió la orden de mantener el fuerte junto a Guacanagarí, un cacique taíno local. Los españoles sucumbieron ante las tentaciones que representaban las mujeres locales y los tesoros. El grupo se fracturó, y únicamente nueve de ellos continuaron junto al líder. Un día, el cacique caribe Caonabo atacó el fuerte y mató a todos los que se hallaban en él. Los supervivientes murieron ahogados al huir después de que su improvisado hogar ardiera. Cuando Colón regresó, solo encontró muerte donde dejó a esa primera comunidad.

Barry Clifford, aventurero y protagonista de este polémico hallazgo

El hallazgo se viene abajo

Saltamos en el tiempo hasta julio de 2014. La UNESCO lanzó un comunicado que supuso un enorme varapalo para Clifford: se rechazó la propuesta de su equipo de llevar a cabo tareas de excavación en el lugar donde se halló el pecio aun sin identificar. También el gobierno haitiano dio marcha atrás en sus concesiones hacia el explorador. «La UNESCO ha juzgado ‘no conforme’ el método propuesto por el arqueólogo submarino Barry Clifford para excavar los restos del naufragio que él afirma haber descubierto y que, según afirma, podría ser la Santa María». Ésto fue lo que declaró la ministra de cultura Monique Rocourt, que también exhibió asimismo otros argumentos de peso en contra de las excavaciones, como la falta de cualificación del equipo y la seguridad de la zona del hallazgo, contradiciendo así a Clifford, que como hemos visto aseguraba que la zona sufría serios riesgos de ser saqueada por piratas y cazatesoros. El grupo de investigación de la UNESCO llegaría en agosto a Haití, pero ya se había puesto coto al lugar del hundimiento, restando bastante credibilidad a la ya poca que se podía tener en el aventurero estadounidense.

El 10 de octubre se dio el golpe definitivo al hallazgo. Tras varios análisis, la UNESCO se pronunció sobre la identificación del pecio hallado, y fueron contundentes al afirmar que no se trataba de la nao Santa María. Su informe se basa en unos trabajos realizados en septiembre, entre los días 9 y 14, y en los que se comprobó que el barco correspondía a una época más tardía que la que correspondería a la nave de Colón. Los elementos de fijación de la nave solo pueden rastrearse a partir de una técnica de ensamblaje que se remonta a finales del siglo XVII y el siglo XVIII, ya que se usaban clavos y broches de bronce o cobre para fijar la estructura. Los trabajos fueron dirigidos por Xavier Nieto, exdirector del Museo Nacional de Arqueología Subacuática.

«Por lo tanto, el pecio hallado no puede ser el de la Santa María, que, tras derivar hacia el arrecife, se hundió en la noche del 24 al 25 de diciembre de 1492», señalo el organismo.

El epílogo de esta historia tiene una doble vertiente. Tras ver cómo su proyecto se venía abajo, Barry Clifford pidió ayuda para su iniciativa a la Universidad de Huelva, ya que continuó alegando que el lugar de su hallazgo corría el serio riesgo de ser asaltado por piratas y cazatesoros. Sigue siendo un entusiasta en cuanto a la naturaleza de sus pesquisas y sigue trabajando por demostrar su teoría, a pesar de las críticas recibidas. «La versión de la Unesco es que probablemente la Santa María esté bajo tierra a cuatro millas de distancia, algo que ningún científico apoya», declaró entonces.

Por otra parte, el equipo de María Luisa Cazorla tiene intención de retomar lo que comenzaron en 1991 e intentar arrojar luz a sus teorías sobre la ubicación de los restos de la Santa María. El gobierno de Haití ha mostrado mucho interés en el proyecto del equipo español y puede que los trabajos comiencen en unos años. Quizá dentro de no mucho tiempo podamos recuperar el barco más importante de la Historia, aquel que puso en contacto dos mundos que hasta entonces estaban separados, al menos oficialmente…

Fuentes:

  • http://www.independent.co.uk/news/science/archaeology/santa-maria-discovery-archaeologists-hail-find-as-amazingly-significant-9364745.html
  • http://www.independent.co.uk/news/science/archaeology/search-for-the-santa-maria-as-controversy-rages-unesco-launches-biggest-ever-mission-to-find-9778287.html
  • http://www.foxnews.com/science/2014/05/13/researchers-believe-theyve-found-wreck-columbus-ship-santa-maria.html

Sobre nosotros Félix Ruiz

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