Viriato y su tumba: el último misterio del azote romano de Lusitania

Estatua dedicada a Viriato en Zamora. Obra de Eduardo Barrón.

 

Año 150 a. C. En la Lusitania hispana, un pastor lograba sobrevivir a la masacre perpetrada por Servio Galba. Las ganas de venganza harían de este hombre un verdadero dolor de cabeza para las legiones romanas. Siete años duró su campaña, hasta que sus propios compañeros le asesinaron. Su nombre fue Viriato, y seguimos sin conocer dónde reposan sus restos.

Ya lo dijo Lucio Anneo Floro: «Recobraron ánimo los lusitanos gracias a Viriato, hombre de gran habilidad, que de pastor se hizo bandolero, de bandolero se convirtió súbitamente en militar y general, y de no abandonarle la suerte hubiera sido el Rómulo de España». Durante siglos, se ha ensalzado el papel patriótico de nuestro hombre, en una especie de ensalzamiento de los valores hispanos de honor y valentía. ¿Pero quién era verdaderamente Viriato?

A pesar de la polémica entre España y Portugal, los datos apuntan a que nació en tierras zamoranas, concretamente en Torrefrafes, o bien en Cáceres, en la localidad de Guijo de Santa Bárbara. Poco más sabemos sobre el pastor, hasta bien llegada su edad adulta, en la que nos hacemos eco del ofrecimiento de Galba a los lusitanos de mejores tierras en las que asentarse, hecho que aprovechó para esclavizar y matar a la mayoría de ellos. Fue pocos años después cuando la leyenda nace, en forma de caudillo al mando de un ejército poderoso y casi inexpugnable. Fuerte, inteligente y justo, el vivo retrato de un héroe. Según Justino, «fueron propias de él la valentía y continencia, de tal manera que, aunque a menudo venció a los ejércitos consulares, a pesar de tantas hazañas, no alteró la condición de sus armas ni de sus ropas, ni en definitiva su manera de vivir, sino que había de conservar aquella vestimenta con la que había empezado a combatir al principio, de tal manera que cualquier soldado parecía más rico que el propio general».

La muerte de un héroe

Como suele ocurrir en estos casos, se sospecha que las virtudes de Viriato fueron ensalzadas por los cronistas grecorromanos, con el objetivo fundamental de ensalzar de convertirle en un ejemplo de moralidad. Y el culpable primero bien pudo ser Posidonio de Apamea, quien vivió en la Bética a finales del siglo II a. C. y era un convencido estoico, además de modelo a seguir por los cronistas posteriores en cuanto a lo que la figura del héroe lusitano se refiere. ¿Un pastor convertido primero en bandolero y luego en héroe? ¿Alguien que ascendió meteóricamente en unos pocos años y que puso cerco a las aspiraciones romanas? ¿O más bien todo fue orquestado para justificar la conquista por parte de los romanos?

Viriato derrotó a todos los gobernadores que trataron de acabar con él. El Senado romano decidió enviar allí al cónsul Fabio Máximo, y esta vez la victoria se decantó hacia el lado romano. Tras el fracaso ante Máximo, el ejército lusitano se rehízo y siguió humillando a sucesivos generales romanos hasta que Roma echó mano de otro general, Serviliano, hermano de Máximo, que llegó a Lusitania con 20.000 hombres, más de diez elefantes y trescientos jinetes provenientes de Libia. Serviliano atacó con todo, pero de nuevo la astucia de Viriato fue decisiva. El otrora pastor decidió aprovechar ese momento para forzar un tratado de paz con el mismo pueblo romano. El Senado lo ratificó y declaró a Viriato «amigo de los romanos». Estas pruebas siguen mostrando el curioso caso de nuestro protagonista, pastor en el año 150 a. C. y general hábil, estratega militar y negociador sin igual en menos de una década.

Pero la suerte estaba echada. El fatal destino alcanzó a Viriato en el año 139 a. C., cuando Audax, Ditalcón y Minuro fueron sobornados por las autoridades de Roma para asesinar a traición al general lusitano al que eran incapaces de derrotar en batalla. Así lo contó Apiano: «También en esta ocasión los socios de Audax, aguardándole, penetraron en su tienda en el primer sueño, so pretexto de un asunto urgente, y lo hirieron de muerte en el cuello que era el único lugar no protegido por la armadura».

Según la tradición, cuando los tres acudieron a cobrar su recompensa, el procónsul Q. Servilio Cepión los asesinó tras pronunciar la famosa frase «Roma no paga traidores». Sin embargo, la crónica de Apiano relata que no hubo tal frase ni desprecio del procónsul. Al contrario, «en ese mismo momento les permitió disfrutar sin miedo de lo que poseían, pero en lo tocante a sus restantes demandas los remitió a Roma». ¿Todo fue fruto de la leyenda que quiso ensalzar a Viriato como azote romano? Eso parece, pues fue hacia el siglo IV d. C. cuando Eutropio dio nueva forma a este encuentro entre los traidores y el mandatario romano, asegurando que «nunca fue del agrado de los romanos que los generales fueran asesinados por sus propios soldados».

Poco importaban los métodos, pues Servilio Cepión ganó y los lusitanos se rindieron. El gran héroe de la resistencia partió de este mundo, y desgraciadamente sus restos siguen perdidos, ¿o esa afirmación no es cierta? Según Apiano, sus restos fueron incinerados en un funeral donde también fueron sacrificados varios animales. Pero entonces, ¿dónde se enterraron esas cenizas? Conozcamos un poco más al respecto.

Muerte de Viriato (1807). Obra de José Madrazo.

Las lápidas de la discordia

Otra polémica entre España y Portugal sigue latente a raíz de este asunto. Los primeros señalan a la sierra de Gredos, en el monte Venus, al norte de Talavera de la Reina. Por su parte, los segundos apuntan a la sierra de la Estrella, en particular al monte Herminius. Pero cuidado, pues hay localidades españolas que se adjudican el honor de tener entre sus muertos al famoso Viriato. De hecho, existe uno en concreto que dice tener una lápida como prueba, según nos narra Jesús Callejo en La España fabulosa. Si vamos hasta Cáceres, quizás podamos topar con Santa Cruz de la Sierra, pueblo cercano a Trujillo que cuenta con un monumento muy especial en su plaza de España. En la fachada de una casa se pueden ver tres losas empotradas, inscritas, aunque una es la que destaca, pues se lee el nombre de Viriato en ella. La lápida dice así: «VIRIATUS TANCINI. F. HIC. S. E.». O lo que es lo mismo, si nos aventuramos a traducir: «Viriato. Hijo de Tancino. Aquí yace. Que la tierra te sea leve.» ¿Estamos ante nuestro protagonista?

Esta lápida es conocida al menos desde 1767, cuando es descrita por Antonio Ponz en Viage de España, aunque al parecer no estaba en el mismo lugar del pueblo. ¿Cuál es el principal problema? Que la lápida no parece ser del siglo II a. C. Además, Santa Cruz de la Sierra tiene su propia leyenda para atraer curiosos a la localidad, según la cual allí mismo – en el pico de San Gregorio – fue traicionado por los suyos, encontrándose su tesoro escondido en algún lugar.

No es la única lápida que cuenta con el nombre de Viriato – debía haber muchos entre los lusitanos – y que se reivindica como la perteneciente al general. Existe una en el Museo Arqueológico de Cáceres, y que fue hallada en Brozas de la Aliseda. ¿Qué dice esta segunda lápida? «VIRIATO. Hijo de LOVESIO».

Lo asombroso – aunque no debería extrañarnos tanto – es que hay una tercera opción. En el castillo de Miramontes, también en tierra extremeña, hay unas lápidas dedicadas a personajes ilustres, entre los que destacan unas dedicadas a dos supuestas hermanas del emperador Trajano y una al protagonista de estas líneas. Callejo incluso señala que cuentan que las hermanas de Viriato también fueron incineradas y enterradas allí.

Una vez más, encontramos la prueba de que no hace falta ir muy lejos para encontrar historias asombrosas. Una conquista que parece inevitable, un héroe nacido de baja cuna que se convierte en general y héroe, una muerte injusta y todo un legado mítico alrededor del protagonista. Es una verdadera pena que no sepamos dónde se haya exactamente reposando, pues sería un reclamos muy poderoso. Al menos, podemos visitar los enclaves señalados en estos párrafos, para navegar en una de las páginas ocultas y misteriosas de la España más legendaria.

Fuentes:

– Callejo Cabo, Jesús. La España fabulosa, Planeta, 2016.

– Pastor Muñoz, Mauricio. Viriato, La Esfera de los Libros, 2017.

Sobre nosotros Félix Ruiz

Trabajador Social de formación y apasionado de las temáticas relacionadas con el misterio desde siempre. Redactor de noticias, escritor novel, lector compulsivo y buscador incansable de preguntas que compartir con todo aquel que sea curioso y quiera saber más.

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