Agosto 30, 2014, 02:12:09 am


Autor Tema: El misterio del Maestro de San Justo  (Leído 48 veces)

felix1990

  • Noticiero
  • *****
El misterio del Maestro de San Justo
« en: Febrero 04, 2014, 03:21:10 pm »

Son sobradamente conocidas las excelentes pinturas románicas de la iglesia segoviana de San Justo —dedicada en realidad a los hermanos Justo y Pastor, mártires y santos para la Iglesia Católica—. Pero no lo es tanto una inscripción en la pintura que escenifica el descendimiento de la Cruz y que en un latín algo tosco dice “non poteo / facere pintura / s”. Es decir, que el autor de este conjunto de representaciones religiosas en torno al Pantocrátor quiso dejar constancia por escrito de la imposibilidad de pintar.

José Miguel Lorenzo Arribas, doctor en Historia Medieval, dedicó la semana pasada un artículo a este misterioso pintor anónimo, conocido únicamente como el Maestro de San Justo, en una de las secciones estrella, ‘Rinconete’, del Centro Virtual Cervantes (CVC), sitio de Internet creado y mantenido por el Instituto Cervantes de España en 1997 para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas. ‘Rinconete’ es la revista diaria que se publica en las páginas del CVC desde 1998, con artículos breves sobre cuestiones de cultura hispánica y una gran aceptación desde su inicio.

Lorenzo Arribas comenta que en la escena del descendimiento de la Cruz José de Arimatea está en disposición de recoger el cuerpo yacente de Cristo cuando Nicodemo termine de desclavar el brazo que todavía está fijado al travesaño. María sostiene el otro brazo, ya sin vida, y parece que las pinturas están sin terminar, como si faltara “la policromía final que habría de hacerlas destellar en la penumbra de la iglesita”.

Lo sorprendente, para el historiador, es precisamente la inscripción grafiteada con esmeradas letras propias de la escritura en pergamino que puede verse en uno de los brazos del travesaño de la cruz, con rasgos que cronológicamente parecen contemporáneos al estilo de las pinturas. “¿Por qué quiso dejar constancia de esa imposibilidad por escrito, nada menos que en lugar tan principal y poco discreto?”, se pregunta Lorenzo Arribas.

Apunta que los grafitos medievales tenían por lo habitual una función meramente informativa: defunciones, sucesos, fechas, simples huellas de presencia, etc..., e indica que quizá el de San Justo podría contener una reivindicación o una queja. El caso es que el autor del que es considerado como uno de los mejores conjuntos de pinturas tardorrománicas castellanas no dejó la habitual fórmula o firma, sino que legó a la posteridad su certeza de no poder pintarlas.

El historiador especula con la hipótesis de que, como un antecedente del surrealista René Magritte (1898-1967), este Maestro de San Justo, quisiera expresar que lo que se ve en el ábside de la iglesia no son realmente pinturas. En ‘La traición de las imágenes’ Magritte pintó una serie de cuadros acompañados de un letrero que desmiente lo que en ellos se ve. El más célebre representa una pipa de fumar con un cartel que reza, en francés, “esto no es una pipa”.

http://www.eladelantado.com/noticia/ultima/185735/el_misterio_del_maestro_de_san_justo